4/01/2009

Periodistas pal café......



Érase que se era un Elliot Ness de petatiux que a toda costa deseaba hacer negocio con las aguas profundas mexicanas y sus intocados tesoritos petroleros. Parapetado tras oscuros cortinajes de etiqueta, y luciendo siempre una franja roja al pecho y la condecoración del Baño (antes de salir de gira, los panistas consiguieron que se aprobara a F.C. el uso de la condecoración Caballero de la Gran Cruz, en grado honorario, de la Honorable Orden del Baño, traducción ésta del bath inglés que mucho molestó a los blanquiazules por parecer emparentada con referencias de acrónimos escatológicos), el hombre disfrazado de sí mismo se dejó llevar entre boatos ceremoniales hasta el punto que realmente interesaba a sus calculadores anfitriones: el petróleo que antaño les fue expropiado por carismático presidente mexicano nacionalista y que ahora parecía volver a las arcas anglófonas mediante las graciosas concesiones que el emperifollado visitante hacía a empresas e inversionistas británicos convidados al gran banquete de letra chiquita que a pesar de todo dejó la rasurada reforma petrolera en manos felipillas.
Pomposo y efímeramente aristocrático Calderón que batallaba consigo mismo, en Aberdeen, Escocia, para garantizarse que lo escuchaban bien quienes cuando menos las miradas posaban en él. Apenas había comenzado su discurso cuando anunció: “Y, ahora, permítanme pasar al español, porque será más cómodo para mí decirlo en español, y podemos usar los servicios del intérprete presente”. Pero sólo había avanzado unas cuantas frases más cuando replanteó: “Puedo ver que ustedes no están utilizando un aparato de traducción simultánea. Por lo tanto, voy a continuar en inglés”. Y así, en esa búsqueda de la atención perdida, Zu Ecselensia se ponía de a pechito para los apetitos neocoloniales: “Tenemos un enorme potencial, pero necesitamos el apoyo de compañías, como las compañías británicas, no sólo British Petroleum, sino también muchas otras compañías medianas y grandes que acabamos de ver hace unos momentos”.
Discurso alfombra, palabras de posmouriñismo cabalgante: “Sabemos que con nuestros recursos y nuestra población podremos construir un país más seguro, más próspero”, dijo en preparación de un párrafo memorable: “Así que con nuestros recursos y con el apoyo de la tecnología y el conocimiento de las compañías británicas, y, por supuesto, con el espíritu y la voluntad del pueblo y el gobierno de México, construiremos una nación que es la que deseamos para las futuras generaciones de mexicanos, y esa es la razón por la cual estoy aquí, en Aberdeen”. Zaz: el nacimiento de la nación mexicana a partir de la tecnología y el conocimiento de las compañías británicas. Gracias (o thanks, si los lectores no usan algún aparato de traducción simultánea), Felipe British Petroleum, el jefe de la banda de los Intocables.
Mientras tanto, en casa, diversas empresas anuncian paros técnicos y el fantasma de la crisis va cobrando cuerpo. Enmedio de los problemas económicos, la política y las elecciones continúan consumiendo tiempo y recursos. Por ejemplo, el IFE dice que va a monitorear los noticieros electrónicos para ver qué tratamiento dan a los candidatos a diputaciones federales (para dar muestra de que va en serio, el mencionado Instituto del Fraude Electoral podría entrarle al tema de la propaganda disfrazada de información que continuamente pagan, sobre todo en televisión, los precandidatos presidenciales Marcelo Ebrard y Enrique Peña Nieto). Y el opositor interno, Manuel Espino, le vuelve a tundir al otro pendenciero, Germán Martínez –es decir, al jefe de éste, el condecorado con la Orden del Baño– a causa de la postulación de candidatos a puestos federales y estatales; dice el alfil de Vicente Fox -es decir, el citado Espino- que él defiende al PAN, pero al de 1939.
Las escaramuzas entre líderes partidistas llegaron incluso al escenario televiso denominado Espacio, donde Paredes, Martínez y Ortega le entraron en distintos tonos a la confrontación de ideas y proyectos, hasta que el público juvenil prorrumpió en coro pidiendo “concordia, concordia”, en extraña simplificación que resulta absolutamente impropia para un ejercicio de debate entre líderes de las tres principales porciones del pensamiento y la práctica política nacionales. En el IFE bonsai hubo también roces verbales entre representantes de PAN y PRI, a propósito de los dichos recientes de Germán Martínez con los que pretende involucrar al tricolor con el narcotráfico. En la sesión, el comisionado blanquiazul, Roberto Gil, evocó aquellos momentos tragicómicos en que el entonces candidato Francisco Labastida se quejaba de las acusaciones en su contra (“me llaman la vestida”). Ahora, Gil recordó que los priístas le han dicho a Martínez “muchacho pendenciero, esquizofrénico, mosca de carnicería”. Pura política de altura.
Astillas
La Sagrada Familia aplaudió que Carlos Aguiar Retes haya tomado posesión del obispado de Tlalnepantla. Como en los tiempos de abierta fusión de lo religioso y lo gubernamental, atestiguaron la ceremonia católica Luis Felipe Bravo Mena, Ana Teresa Aranda y Josefina Vázquez Mota. El primero es secretario particular del ocupante de Los Pinos (y fue embajador de México en el Vaticano y reconocido miembro de la directiva nacional de El Yunque), la segunda es subsecretaria de Gobernación encargada de los asuntos religiosos (también yunquista, sobre todo al frente de una agrupación de mujeres, la Ancifem) y la última es amoldable secretaria de educación pública. El mitin de toma de protesta contó con unos tres mil asistentes... Espartaco Martínez vive en Japón y platica que cuando le contó a su esposa lo mucho que los diputados mexicanos ganan “hizo una mueca, lo que es raro en los japoneses, pues normalmente no pierden la compostura, pero ante el dato, simplemente no lo creía, pues acá ganan, en un nivel bajo, tipo asambleístas, el equivalente a unos 30 mil pesos, lo que está publicado en las páginas de Internet del gobierno de cada prefectura”.
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En septiembre de 2000, cuando ya había sido electo Fox para sucederlo, Ernesto Zedillo tuvo la elegancia de pagar anticipadamente –con nuestro dinero– los últimos 3 mil millones de dólares de la deuda con el Fondo Monetario Internacional. También había liquidado por completo el préstamo que recibió de Clinton para que cubriera los famosos tesobonos. No pensaba tanto en el buen crédito del país, sino en el suyo personal. Hacía el papel del buen chico que aspiraba a recibir 10 de calificación y esperaba ser recompensado, como lo ha sido, con innumerables chambas en empresas y organismos internacionales. Transcurrió una década sin que fuera necesario volver a pedir ayuda financiera al FMI ni al gobierno estadunidense, pero, como les decía ayer, el gobierno está operando con déficit, sus inmensos ingresos no le alcanzan para cubrir el despilfarro y la corrupción de la clase política, de suerte que ayer, desde Londres, donde con la sonrisa en la boca se codea con reyes, príncipes, duques y marqueses, el presidente del optimismo anunció que está listo para recibir un préstamo del FMI por 30 mil millones de dólares, y si se puede, hasta por 40 mil. Por su lado, el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, ya tendió la mano para recibir otro de 30 mil millones de la Reserva Federal. ¿Y para qué quieren tamaña fortuna? Su destino inmediato se conoce, seguirán vendiendo dólares a la banca comercial; el destino final, pues ¿quién sabe? Al cabo que, como ya dijo el encargado de la Comisión Nacional Bancaria, Guillermo Babatz, con una mezcla de cinismo y simpleza, no hay control sobre el uso que los bancos les dan. Uno de los orgullos del panismo era que no habían provocado una devaluación. Ya tienen a su López Portillo michoacano. Otro orgullo era que no habían aumentado la deuda externa. ¿Y ahora qué van a decir?
Impuesto sobre nóminas
Si Marcelo Ebrard cumple su compromiso de regresar a los empresarios capitalinos el importe del impuesto sobre la nómina, habrá hecho algo verdaderamente trascendente para la economía de la ciudad. Sobre todo si no hay burocratismo, papeleo, favoritismos y corrupción en el proceso. Es impresionante el cierre de negocios. La capital está sobreviviendo a la crisis gracias a que en cada familia hay cuando menos un burócrata que cobra su quincenita religiosamente, inclusive existen familias en las que todos son empleados públicos.

Desde la City, capital del país que inventó e implementó hasta sus últimas consecuencias letales el neoliberalismo financiero global, Martin Wolf, otrora fanático de la globalización y editor de economía de The Financial Times, el periódico portavoz del depredador modelo desacreditado y desacralizado, formula las exequias del paradigma que gobernó insensatamente al mundo durante tres décadas (en realidad, fue desde 1991, fecha del colapso de la URSS que dio pie al unilateralismo financiero global de la dupla anglosajona).
Wolf (The Financial Times, 8/3/09), apologista inveterado del neoliberalismo global (publicó un libro ¿Por qué funciona la globalización?, Yale University Press, 2004) justamente cuando el modelo había derrapado, comenta “las semillas de su propia destrucción” del neoliberalismo: “otro dios ideológico ha sucumbido”.
A nuestro juicio, el problema radica en ubicar correctamente la fecha de las exequias del cadáver del modelo neoliberal, que pudieron haber sido en 1997 (quiebra de LTCM); en 2000 (ascenso al poder del bushismo unilateral); en 2001 (montaje hollywoodense del 11/9); marzo de 2004 (cuando British Petroleum delató que los ejércitos de la dupla anglosajona no podían controlar los pletóricos yacimientos de hidrocarburos de Irak), o el 15 de septiembre de 2008 (“quiebra” de Lehman Brothers).
Qué más da: en el lapso de los recientes 12 años, el modelo neoliberal global clínicamente estaba muerto, realidad lúgubre que se negaban a admitir, pese a su putrefacción universal, los financieros forenses de la City y Wall Street.
Wolf ejerce la función del anatomista patólogo que busca descubrir las causales de la defunción del pestilente cadáver.
Se pudiera alegar que con un lapso entre un mínimo de seis años y un máximo de 17, el capitalismo neoliberal sucumbió detrás del “socialismo revolucionario”, como le llama Wolf.
Qué no habremos visto durante un siglo con la muerte de cuatro ideologías, para no decir teologías, totalitarias: el fascismo, el nazismo, el comunismo y ahora el neoliberalismo global. Definitivamente los humanos (de)pendemos de un hilo muy frágil para sobrevivir en medio de los totalitarismos teológicos de la historia.
Wolf asienta que “los supuestos que gobernaron las políticas durante más de tres décadas, súbitamente (sic) están caducas, como el socialismo revolucionario” cuando “los gobiernos inyectan millones de millones de dólares, euros y libras para intentar rescatar sus sistemas financieros”. ¿Y qué tal si regresa el “socialismo revolucionario”?
Con un retraso de casi tres décadas, Wolf se va a la yugular de Alan Greenspan, el culpable favorito, que ha sido colocado en la picota universal por haber propiciado y/o tolerado la mayor crisis financiera de la humanidad: “alumno de Ayn Rand (nota: la teóloga esotérica del individualismo misántropo) y principal banquero central de la época, quien confesó en su testimonio ante el Congreso, el pasado octubre, encontrarse en “estado de choque e incredulidad” debido al fracaso del autointerés (sic) de las instituciones de crédito por proteger el capital de los accionistas”.
Repite lo archisabido sobre el inicio del modelo neoliberal global con el ascenso al poder de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos (EU), en medio de “cambios” en China e India que se voltearon más hacia el “mercado”, lo que en su conjunto marcaba “la muerte de la planeación central”, que llegó a su paroxismo con la caída del comunismo soviético “entre 1989 y 1991”. Esto es muy discutible, ya que China e India, más que desregularse al estilo sicótico anglosajón, se orientaron a “economías reguladas de libre mercado” (al estilo del añejo “PRI revolucionario”, anterior al desviacionismo neoliberal que se inició con De la Madrid Hurtado y que prosiguieron Salinas y Zedillo: los tres criptopanistas).

Trabajadores montan protecciones al monumento conmemorativo de la Primera Guerra Mundial, ayer frente al Banco de Inglaterra, en el distrito financiero de Londres, en previsión de que las protestas programadas contra la cumbre del G-20, este jueves, se tornen violentas">Foto Ap
Asevera que “el impacto de la crisis será particularmente severo en los países emergentes” y acepta que en medio de “una inmensa (sic) crisis financiera global y del desplome sincronizado en la actividad económica, el mundo está cambiando de nuevo”. Si, como aduce, “el sistema financiero es el cerebro de la economía de mercado”, entonces, el capitalismo anglosajón se encuentra totalmente descerebrado.
Confiesa su deriva mental: “es imposible (¡supersic!) en este punto de inflexión saber adónde vamos”. No se percata de que el mundo va que vuela a la desglobalización, a la regionalización nacionalista y al neoproteccionismo patriótico, como sostuvimos en nuestros libros premonitorios (El fin de una era. Turbulencias en la globalización, Editorial del Zorzal, Buenos Aires, 2007, y Hacia la desglobalización, Editorial Jorale, 2007) con antelación al estallido del tsunami financiero global.
Arguye que “la combinación del colapso (sic) financiero con una inmensa (sic) recesión, si no ocurre algo peor (léase: la gran depresión), seguramente (sic) cambiará al mundo. La legitimidad (sic) del mercado será debilitada. La credibilidad (sic) de EU será dañada. La autoridad de China aumentará. La misma globalización puede irse a pique. Éstos son los tiempos de la revuelta”. ¡Ah, caray!
Contempla la probabilidad de la “desglobalización” y una mayor regulación, y confiesa, muy a destiempo, que “la era de la liberalización contenía las semillas de su propia destrucción” para emprender su análisis forense que venimos asentando desde hace más de 10 años en el libro agotado El lado oscuro de la globalización: post-globalización y balcanización, Editorial Cadmo & Europa, 2000.
Wolf argumenta que “el mundo de las pasadas tres décadas de liberalización financiera ha concluido”, pero que, “a diferencia de la década de los treinta, no existe una alternativa creíble a la economía de mercado”. Aquí discrepamos del fracasado teólogo del neoliberalismo global: en la geopolítica se generó un empate técnico entre EU y Rusia, mientras en el ámbito geoeconómico el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) va en ascenso, en detrimento del G-7.
El grave problema radica en el dolarcentrismo al que se ha aferrado la dupla anglosajona como su último círculo de defensa para mantener su hegemonía global. Asistimos a la gran paradoja del dólar: una divisa prácticamente sin valor, pero todavía muy funcional, cuando las otras divisas del BRIC y de las regiones de las economías emergentes (Sudamérica, las potencias petroleras del Golfo Pérsico y el sudeste asiático) no son competitivas ni cuentan con divisas sustituibles hasta ahora.
Más aún: en su reciente boletín, GEAB (número 33) de LEAP/Europe 2020, expone persuasivamente la guerra de divisas que se escenifica en el marco de la cumbre del G-20 de Londres, cuando el eje anglosajón le ha declarado la guerra al euro.

Carlos Fernández-Vega: México SA

Pues nada, que al catarrito” y a la “gripa” no les quedó otro remedio que tocar a la puerta del Fondo Monetario Internacional, porque esta economía “sólida”, “pujante”, de “gran calado” y que “nunca más” registraría una crisis, de plano no da para más: en su periplo londinense, el inquilino de Los Pinos anunció que solicitará una línea de crédito al FMI por 30 mil o 40 mil millones de dólares, lo que de entrada obliga a su gobierno a firmar una nueva carta de intención con el organismo, de cuyos efectos los mexicanos pueden dar cátedra. Las vueltas que da la vida: Felipe Calderón terminó justo en el mismo sitió que tanto cuestionó, junto con su partido, desde la paradisiaca oposición, es decir, en el fondo y en la puerta del abominable organismo financiero internacional, la misma en la que, uno tras otro, los “gobiernos populistas” y los del priato neoliberal tocaron insistentemente para pedir clemencia y crédito, a cambio de llevar a cabo una interminable serie de draconianos “ajustes” y “reformas estructurales”, con nulos resultados económicos y un brutal costo social. Y de nueva cuenta aquí está la “autoridad” pidiendo lo mismo y al mismo, en el inagotable circuito de crisis y recontra crisis, y siempre en el entendido que gratis ni el saludo, porque el FMI no concede crédito nada más porque sí, sin condiciones, sin “reformas” y “ajustes” adicionales. A ese “catarrito” (Carstens dixit) y a esa “gripa” (Calderón ídem) en el país de “aquí no pasa nada”, pues “el problema es externo”, se les desplomó la actividad económica, a la par que los ingresos fiscales, los petroprecios, las remesas, la inversión extranjera y demás divisas que mediocremente permitían sobrellevarla con una sonrisa y un discurso diametralmente opuesto a la realidad. Todo para que 30 años después el país esté en el Fondo, una vez más. Qué dirá ahora el inquilino de Los Pinos de aquella no lejana declaración de uno de los cuatro secretarios de Energía que tuvo Vicente Fox en su gabinetazo, el único michoacano, que el último día de octubre de 2003 presumía: “si tuviéramos que recurrir al Fondo Monetario Internacional para llevar al país nuevamente a una irresponsable política de endeudamiento (...), entonces sí entraríamos otra vez a un esquema de dependencia de los organismos internacionales... La presión de este organismo la tuvimos cuando políticas irresponsables hicieron que el país se endeudara más allá de su capacidad, y eso hizo que estuviéramos sometidos a las políticas que se generaban en ese organismo. Nosotros no les debemos nada. Por primera vez en muchísimos años; bueno, no digo que este año, pero ya llevamos un buen rato que no le debemos un centavo al FMI. Al contrario, ahora le estamos poniendo hasta directivos y ejecutivos”. Qué dirá Calderón de sí mismo, porque en realidad ahora esos “directivos y ejecutivos” despachan en la oficina principal de la Secretaría de Hacienda, y juntos, el de la “gripa” y el del “catarrito”, humildemente tocan a la puerta del FMI, al que piensan deberle todo. La historia se repite: heredado por el echeverriato, que cubrió la factura política para limpiarle el camino a José López Portillo, puso en ejecución el primer programa de ajuste con el FMI de la temporada, en las postrimerías de 1976, por medio del cual se pretendía, entre otras cosas, “corregir las causas del desequilibrio económico y restablecer un proceso sano de crecimiento”. Seis años después, el gobierno de JLP resumía los resultados obtenidos: crisis del aparato productivo, fuga de divisas sin precedentes (hasta ese momento), abultado endeudamiento externo, declaratoria formal de moratoria de pagos durante 90 días a la banca acreedora internacional, devaluación del peso cercana al 500 por ciento, rigurosa pérdida del poder adquisitivo del salario y creciente desempleo. JLP procedió como su antecesor y pagó la factura política de la crisis económica para cubrir a su sucesor. El 10 de noviembre de 1982, 20 días antes del cambio de gobierno, hizo pública la firma de una nueva carta de intención con el FMI, con el objetivo de “recuperar el nivel sostenido de crecimiento de la economía y el empleo, reducir la tasa inflacionaria, mejorar el desequilibrio externo y sanear las finanzas públicas”. Pero a Miguel de la Madrid no le resultó suficiente una carta de intención y a mediados de 1986 firmó otra, con la finalidad –dijo– de “restaurar el crecimiento sostenido de la economía en un ambiente de estabilidad financiera, reducir el crecimiento desproporcionado de los precios y resolver los desequilibrios económico-financieros internos y externos”. En 1988, el saldo de la administración de MMH fue brutal: la peor crisis económica y financiera (hasta ese momento), incluyendo el crack del mercado bursátil y el desvalijamiento de miles de pequeños inversionistas, devaluación del tipo de cambio en aproximadamente 3 mil por ciento, inflación superior a 4 mil por ciento en el periodo, crecimiento cero del PIB, incremento sustancial de la pobreza y la marginación, desplome de los salarios, aumento en la concentración de la riqueza, abundante desempleo, desmantelamiento del aparato económico del Estado y, eso sí, riguroso pago puntual de la deuda externa. De la Madrid no heredó más que la bancarrota. Por ello, el gobierno salinista firmó una nueva carta de intención con el FMI (mayo de 1989), mediante la cual las autoridades mexicanas y las del organismo financiero se esforzarían (¡sorpresa!) para “restablecer el crecimiento económico, consolidar la estabilidad de precios y promover la recuperación gradual del salario”. Los resultados de la herencia económica del salinato los siguen padeciendo millones de mexicanos, pero no fue suficiente. El gobierno zedillista insistió, y el 26 de enero de 1995 envió al FMI un nuevo “memorándum de entendimiento”, que antecede a la carta de intención. El programa planteado fue igual: “defensa del empleo, planta productiva, el salario, y el crecimiento”, como “imperativos indeclinables para superar la crisis”. Resultado concreto: en tres décadas, 2.3 por ciento de “crecimiento” promedio anual, millones de mexicanos expulsados de su tierra por razones económicas, desempleo creciente en el país, salarios de hambre, desmantelamiento de la planta industrial y lo que guste agregar. Las rebanadas del pastel Y ahora Calderón. cfvmexico_sa@hotmail.commexicosa@infinitum.com.mx

Obama: matices de cambio
En el contexto de una cumbre que se llevó a cabo ayer en La Haya, el viceministro iraní de Relaciones Exteriores, Mohamed Mehdi Ajundzadeh, se reunió con el enviado especial del presidente Barack Obama para Afganistán y Pakistán, Richard Holbrooke, encuentro que fue calificado como cordial” por la secretaria de Estado Hillary Clinton, y que se dio poco después de que el primero manifestara la disposición de Teherán a atender una solicitud de Washington para colaborar en la lucha contra el tráfico de drogas en Afganistán.
El acercamiento entre ambos países se produce a poco más de una semana de que el mandatario estadunidense, en un gesto inédito, envió al pueblo y al gobierno iraníes un mensaje de saludo con motivo del año nuevo persa, en el que les propuso un “nuevo comienzo” en las relaciones bilaterales –congeladas desde hace tres décadas, tras el triunfo de la revolución islámica en 1979– y les manifestó su compromiso por lograr “lazos constructivos” entre ambas naciones.
Adicionalmente, en el contexto de la misma cumbre en la ciudad holandesa, Hillary Clinton dejó entrever la posibilidad de una tregua para los talibanes dispuestos a “abandonar el extremismo” (“debería ofrecérseles una forma honorable de reconciliación y reintegración en una sociedad pacífica, si hay voluntad de abandonar la violencia, romper con Al Qaeda y apoyar la Constitución”), declaración que reviste una variación en la postura tradicional de la Casa Blanca, cuya política exterior en los últimos ocho años se caracterizó por preconizar la destrucción total de las organizaciones integristas islámicas y la liquidación de sus integrantes.
Por otra parte, ayer mismo líderes de las fracciones demócrata y republicana en el Senado estadunidense presentaron un proyecto de ley que, en caso de ser aprobado, eliminaría las limitantes existentes para viajar a Cuba. La iniciativa se inscribe en una serie de pequeños cambios en la política de Washington con respecto a la isla. Apenas el pasado 11 de mazo, Barack Obama firmó una ley de presupuesto que relajó las restricciones a las remesas, el envío de comida y medicamentos, así como a los viajes a la nación caribeña: a partir de entonces, los cubano-estadunidenses pueden visitar a sus familias una vez por año en lugar de una vez cada tres años, como lo establecían las normativas vigentes desde 2004.
Los hechos que se comentan dan cuenta de un cambio tenue, pero perceptible, en la diplomacia estadunidense a poco más de dos meses del arribo de Obama a la Oficina Oval, que comienza a manifestarse en un conjunto de posturas y acciones distantes y hasta contrarias a las de la desastrosa era de George W. Bush, y que, por ese solo hecho, deben ser saludadas y valoradas. Al parecer, el nuevo acento en la política exterior de Estados Unidos ha permeado más allá del círculo presidencial estadunidense, como pudo apreciarse ayer en el Capitolio, y aun fuera de las fronteras de ese país, como quedó de manifiesto con el anuncio de que las tropas británicas se retirarán el martes de suelo iraquí, después de seis años de inhumana e ilegal ocupación.
En este contexto resulta particularmente positiva la disposición mutua al acercamiento mostrada en días recientes por los gobiernos estadunidense e iraní; la enemistad de Washington hacia Teherán, los empeños de la administración Bush de colocar a la república islámica como parte de un supuesto “eje del mal” y su afán por hostilizarla con el pretexto de su programa nuclear, en una campaña sustentada en la mentira –pues no hay hasta ahora indicio alguno de que Irán fabrique armas de destrucción masiva– y en la doble moral –pues nada hizo Washington para evitar los programas nucleares de Israel, India y Pakistán, orientados, esos sí, al desarrollo de arsenales nucleares–, son elementos que han alterado el panorama en Medio Oriente y han privado a la Casa Blanca de tener un socio confiable y que pudiera desempeñarse como un factor de distensión y estabilidad en esa conflictiva región.
Cabe esperar, en suma, que las novedades referidas, por ahora modestas, sean el preámbulo de un viraje general en la política exterior de Washington, y que Estados Unidos pueda, de esa forma, empezar a contrarrestar el desastre diplomático, político, humano y el cúmulo de agravios que significó el proyecto militarista, colonialista y hegemónico de George W. Bush. Ojalá, pues, que a la nación más poderosa del mundo le sea posible instaurar una mínima sensatez y un elemental sentido de justicia en la conducción de sus asuntos exteriores.

Opinión
Adolfo Gilly: Grenoble, Atenco y el secuestro equiparado


Querido Eduardo:
Ahora que junto con Helena estás otra vez de paso en estas tierras nuestras, quiero contarles unas historias.
Esta mañana, allá en Grenoble, Francia, los trabajadores de Caterpillar, empresa estadunidense que fabrica máquinas para construcción, retuvieron en las oficinas a cinco ejecutivos: el director general, Nicolas Poulnik, el de recursos humanos y tres cuadros más. La empresa ha decidido despedir a 733 trabajadores (sobre un total de 2 mil 500). El sindicato pide reanudar la negociación interrumpida por la empresa. “No puedo negociar mientras no tenga libertad de movimientos”, declaró a la prensa el director. “Tendrá libertad si acepta reabrir la negociación. Lo retenemos para discutir, sólo pedimos desbloquear las tratativas”, dice el delegado sindical de la Confederación General del Trabajo.
Así se están poniendo las cosas en Europa y en Francia, y no sólo en Grenoble.
Una retención similar de algunas horas, recurso poco habitual pero extremo cuando la desidia, la burla y la prepotencia de quienes tratan con el pueblo rebasan todo límite, según la reciente legislación penal mexicana y los jueces que la aplican es un secuestro, equiparable al secuestro de persona con fines de extorsión monetaria. La ley penal lo llama “secuestro equiparado”.
Nuestro colega (tuyo y mío) Miguel Ángel Granados Chapa dice que esa figura penal es “una infamia”. En Proceso, 8 marzo 2009, la describió así: “Se le diseñó para castigar con fiereza a activistas solicitantes, gente con derechos a salvo, en suma ciudadanos en movimiento que, colmada su paciencia al exigir servicios o medidas que la ley les provee y al calor propio de las discusiones con funcionarios, los retienen por horas en sus propias oficinas o en locales donde se ventilaban asuntos de competencia de los retenidos”. A quienes con verdad o sin ella resultan acusados de acciones de ese tipo, agrega Miguel Ángel, “se les asestan castigos semejantes o aún mayores que los del secuestro mercenario”.
*
Dos historias entonces te cuento.
Una
La señora Jacinta Francisco Marcial, indígena del estado de Querétaro, ñahñú, apresada el 26 de marzo de 2006 durante un asalto brutal y pretextuoso de la policía contra los puestos de las vendedoras del mercado de Santiago Mexquititlán, ha sido condenada a 21 años de cárcel después de un proceso de tres años en el cual no contó siquiera con traductor a su idioma, el otomí. La señora Jacinta tiene 42 años de edad. Cometió, dice el juez, un “secuestro equiparado”, cuando ni siquiera participó en los hechos sino que sólo fue su víctima. Pero alguien tiene que pagárnoslas, dicen la policía y la justicia.
Dos
El 3 de mayo de 2006, rompiendo un acuerdo previo, el gobierno municipal de Texcoco impidió con su policía que los floristas del mercado local vendieran sus flores en lugares especiales en esa fecha, Día de la Santa Cruz, cuando los trabajadores de la construcción celebran y hacen bendecir sus trabajos. El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), que años antes (2001) había frenado con su movilización la expropiación a precio vil de sus tierras en San Salvador Atenco para construir un nuevo aeropuerto (y frustrado así un gigantesco negocio de funcionarios y desarrolladores), se movilizó ese día en apoyo de los floristas. Unos funcionarios del municipio, en el forcejeo, fueron retenidos breves horas.
El gobernador del estado de México (Enrique Peña Nieto) y el gobierno federal (Vicente Fox) lanzaron entonces, el 4 de mayo de 2006, un operativo policial conjunto sobre el pueblo de San Salvador Atenco. Detuvieron a 207 personas con golpizas, fracturas, violencia de todo tipo, vejaciones y humillaciones. Entraron en las casas, rompieron los enseres y los recuerdos, mataron a dos muchachos, cometieron violación sexual en los camiones policiales que llevaban mujeres y hombres apresados, todo esto documentado con creces por organismos de defensa de los derechos humanos, internacionales y nacionales. Nadie fue castigado por estos delitos.
*
Hoy, Eduardo, tres años después, 12 de aquellas personas siguen presas, acusadas de secuestro equiparado. Algunos son miembros del FPDT, otros simples pobladores de la zona que no habían participado en ningún movimiento social o político. Pero hay que hacer un escarmiento.
Nueve han sido condenados a 31 años de prisión. Están en la cárcel de Molino de Flores, en el estado de México. Los otros tres: Ignacio del Valle, Héctor Galindo y Felipe Álvarez, están en un penal de alta seguridad (para narcotraficantes y especies símiles) en el Altiplano, bajo condiciones de prisión mucho más rigurosas. Ignacio del Valle tiene una condena de 112 años; los otros dos, nomás 67 años cada uno.
Ninguno de los 12 cometió delito alguno. Son presos políticos, es decir, están encarcelados por motivos puramente políticos. En una recta aplicación de justicia deberían salir ahora mismo. Y deberían ser procesados los funcionarios mandantes y los policías ejecutantes de las golpizas, las violaciones, las muertes y los destrozos de viviendas del 4 de mayo de 2006 en el poblado de San Salvador Atenco.
Ya sé, Eduardo, no te estoy contando nada nuevo. Pero sucede que hace más de 40 años, allá por 1966, yo era preso político en la cárcel de Lecumberri (en condiciones más liberales que los de Atenco, debo decirlo, aunque el presidente fuera Gustavo Díaz Ordaz, en cuya alma anidaba ya –lo prueban los archivos– el Tlatelolco de 1968). Entonces un día me llevaron al Polígono, la torre central desde donde se vigilaban todas las crujías del viejo panóptico (modelo Jeremy Bentham, ¿recuerdas?). Y en el Polígono me esperabas tú, que andabas por México y las autoridades de Lecumberri te habían dado permiso para visitarme. Allí estuvimos un buen rato conversando, supongo que de modo no muy diferente de como ahora en libertad sería, incluso en el hecho de que tú te ibas y yo me quedaba. Me quedaba, sí, pero con el recuerdo imborrable, ya otra vez te lo he dicho, de que extranjero y todo habías venido a verme a la cárcel, jóvenes ambos entonces y compañeros de oficio y otros afanes en aquellas dos invenciones montevideanas: el semanario Marcha, de don Carlos Quijano, y el diario Época, tuyo.
*
No digas nada ahora, Eduardo, porque estos gobernantes que hoy nos tocan son conservadores ultramontanos y andan nerviosos, tanto que hasta querían echar de México a Manu Chao por defender a los presos de Atenco.
Pero allá, en nuestra la más hermosa ciudad del río de la Plata, Montevideo, cuéntales a todas y también a todos que aquí, en México, hay muchos presos políticos, en Molino de Flores, en el Altiplano, en Chiapas, en Querétaro, en Guerrero, en Jalisco, en toda la República. Cuéntales, hermano, que viniste a México y, con otros nombres de cárceles, de presos y de gobernantes, volviste a topar con la misma historia.
Diles además que a todos estos también los vamos a sacar, con la ayuda de ustedes, los montevideanos, y de los trabajadores de Caterpillar, los del “secuestro equiparado” de Grenoble.
Un abrazo y un feliz regreso para Helena y para vos.
Adolfo
31 marzo 2009

Arnoldo Kraus: Adiós a la privacidad


En 1938, cuando se transmitió por radio la adaptación que hizo Orson Welles de la novela La guerra de los mundos, de H. G. Wells, casi inmediatamente, incluso antes de acabar la serie, familias enteras en Nueva York y en Nueva Jersey abandonaron despavoridas sus hogares, cubriéndose el rostro y la cabeza con lo que tenían a la mano. Muchas personas fueron presas de tal pánico que incluso olvidaron cerrar sus hogares. Las estaciones de camiones y de trenes se saturaron y fueron insuficientes. Se ignora cuántas personas fueron arrolladas por la masa pero se dice que fueron “cientos”.
El pánico se debía a que los marcianos no tenían un aspecto muy amigable. Orson Welles afirmó que poseían tentáculos y que eran criaturas grandes, mayores que osos, y que brillaban como el cuero húmedo. “Los ojos son negros, la boca tiene forma de V y les cuelga una saliva repugnante”, aseguró.
Orson Welles fue uno de los grandes actores de todos los tiempos. Sus lecturas eran magistrales. Los escuchas se sentían atrapados por su magia. Lograba que la vieja fórmula que asegura que la ficción no respeta la realidad adquiriese cartilla de veracidad. Para muchos radioescuchas la amenaza de los marcianos y la vigilancia a la que los sometían los seres extraterrestres fue suficiente para lanzarse a la calle y así escapar del acecho y de la vigilancia.
La vigilancia como parte de la ficción es bienvenida. Los lectores son los responsables de la lectura y de las acciones que surjan de ella. La vigilancia, como realidad de la vida, es detestable. La intromisión en la vida de las personas en intolerable. La pérdida de la privacidad es una de las características más desagradables de nuestros tiempos. Escribí acerca de la ficción y del terror generado por la lectura de Welles como pretexto para cavilar en las razones por las cuáles el escritor y profesor Luis Leante se rebeló contra la videovigilancia, y como excusa para cavilar sobre el cerco público que atenaza la privacidad de las personas.
Leo en El País (6/3/09): “Harto de sentirse grabado sin su conocimiento, el profesor Luis Leante estalló y arrancó de cuajo las tres cámaras de vigilancia instaladas en el instituto El Pla de Alicante donde imparte clases de latín. El arrebato le acarreó al ganador del premio de novela Alfaguara una noche en los calabozos de la comisaría”. La noticia explica que las cámaras se instalaron para evitar hurtos y actos de vandalismo.
Las cámaras, por supuesto, cumplieron su cometido: grabaron al profesor mientras arrancaba las cámaras, no cuando enseñaba latín. Me imagino que Leante no habría actuado de esa forma si el propósito hubiese sido filmar la clase para luego distribuirla y estudiarla. Me imagino también que su ira habría sido menor si acaso existiese “una ética de la videovigilancia”.
La vigilancia se ha convertido en sello de nuestros tiempos. Hay cámaras por doquier, la mayoría escondidas. Algunas de las razones que motivan su instalación se entienden, aunque no del todo. En los bancos, por ejemplo, las cámaras protegen a los banqueros y un poco a los usuarios; no protegen del todo a los cuentahabientes, porque a los banqueros, que roban bastante y sin cesar, las cámaras sólo los filman cuando ellos lo disponen. Otro ejemplo: en las oficinas de policía, seguramente en la mayor parte del mundo, la videovigilancia es selectiva: no se muestran las atrocidades que comete la policía, sólo las declaraciones y los actos de los reos.
Los teléfonos viejitos y los celulares, las huellas digitales en las aduanas, las credenciales cuando se entra en edificios habitados por ricos o de gobierno, el alto riguroso y la presentación de identificaciones ad hoc cuando se transita por calles cerradas, así como los lindos guardaespaldas que registran hasta el último suspiro de los posibles enemigos son también elementos utilizados para que ciertos seres humanos vigilen a otros seres humanos. Ejemplo de vigilancia telefónica fue la trampa que tendió el viejo Fidel Castro al novato Vicente Fox cuando el segundo le sugirió que mejor no acudiese a una de las tantas Cumbres (con mayúscula) que los latinoamericanos organizamos para decretar el fin de la pobreza; otro ejemplo es el de Mario Marín, ilustre gobernador poblano, quien vía telefónica expuso sus repugnantes ideas en relación con niñas y adolescentes.
La pérdida de la privacidad y la irrespirable vigilancia, tal y como le sucedió a Leante, es producto de los muchos tropiezos de la condición humana. Esa pérdida puede llegar a convertirse en enfermedad. El problema es doble: atenta contra la libertad de las personas y es utilizada por el poder para perpetuar sus designios. Nefanda combinación.
A Marcial Alejandro, un hombre que se preocupaba por los seres humanos.

José Steinsleger: ¿Israel al banquillo?



Luis Linares Zapata: Decadencia plurinominal


La temporada de los jaloneos entre las cúpulas partidarias para adjudicar las diputaciones plurinominales terminó en medio de disgustos, maniobras grupales y pasiones insatisfechas. En este jaleo poco tuvieron que ver las razones que dieron lugar a tan apreciados lugares legislativos. Lejos han quedado las originales pretensiones de incluir, por ese conducto, a las minorías que, no obstante recibir un buen cúmulo de votos, quedaban fuera de los triunfos uninominales en los distritos electorales, ya fueran federales o locales. También se apartan, los presentes repartos de curules, de la necesidad que tienen los distintos partidos de dar cabida a sus minorías internas para llevar la marcha del conjunto en paz, o para contar con las capacidades requeridas para el trabajo legislativo especializado.
Lo que ahora puede observarse a las claras en este rejuego de figuras, comparsas y guías jerárquicos, son las imposiciones clanescas que buscan robustecer, aunque sea de manera transitoria, las ambiciones personales o ensanchar la capacidad de maniobra de los actores principales en turno. Gobernadores, líderes de bancadas, jefes de tribus o clanes burocráticos llamados sectores o corrientes (lo mismo da) se apiñan, alían o separan para inclinar la balanza decisoria en su favor. Esta vez, por lo que puede observarse, la pugna tocó hueso y no hubo sobrantes a repartir. Figuras del espectáculo o los deportes fueron marginadas. Lo mismo aconteció con aquellos que alegan representar a la sociedad civil. En este proceso, generalmente escenificado a puerta cerrada, van quedando enredados jirones de dignidad mezclados con precarios o masivos intereses de aquellos mejor situados para hacer valer sus posturas e intereses. Tareas poco edificantes para la vida pública, pero que, en la práctica, han ido cosificándose como ritual inevitable dada la decadencia política que se padece en este atribulado país.
Mientras el tironeo concluye, el electorado y sus necesidades fueron asunto residual de tan recia puja partidista. En los alegatos, poca o nula referencia se hace del atractivo popular de una oferta política conformada por los diputados plurinominales de cada partido. Si ello fuera un criterio válido, algunas de las personas escogidas no podrían ser presentadas. Sin embargo, los dirigentes quedan tan campantes como si esos fueran sólo unos cuantos colados y no los suficientes como para calificar o describir al conjunto. Lo cierto es la pérdida de respaldo y respeto popular por la actividad legislativa y por los diputados en particular. Se solidifica también la percepción, que revelan con claridad las encuestas de opinión, del poco aprecio del ciudadano por el funcionamiento de los partidos. Todo apunta hacia la incautación de las dirigencias partidistas por grupúsculos que atienden a sus particulares necesidades y pulsiones y no al de la colectividad.
Tan desconsolador proceso se mezcla, en estos aciagos días para una república que pretende ser representativa, con las bravatas panistas con miras a levantar su alicaído atractivo entre los votantes factibles. Han lanzado, desde la misma cumbre partidista (y con la venia superior), una campaña que incide directamente sobre el priísmo y sus supuestas conexiones con el crimen organizado. Saben muy bien los panistas de renombre que no pueden probar (o no quieren) sus dichos o acusaciones en una corte de justicia. Pero de todas formas se abalanzan sobre la presa en un afán de circunscribir la actualidad nacional a la lucha contra el crimen que desató su jefe máximo. Saben que la ciudadanía tomará al menos parte de su ofensiva mediática, sin importar la división que causarán (y que ya causaron antes) en la ya de por sí dividida sociedad. Han elevado la dicotomía de estar con el señor Calderón o con el narcotráfico a una disyuntiva real, urgente, impostergable. Y los priístas, por su lado, parecen inmovilizados. Con algunas excepciones, no han logrado responder debidamente, como grupo político, a las exigencias del señor Martínez, convertido en acólito iracundo, que los reta con belicosidad fingida, a cumplir con la seguridad de la nación.
La crisis económica, mientras, va quedando archivada entre viajes del oficialismo al extranjero y visitas inminentes de jefes de Estado a México. La profundidad de esta crisis económica, en mucho causada por factores internos, se asienta con violencia terrible sobre las familias mexicanas. Los datos de su virulencia se acumulan al ritmo de los viajes escénicos que despliega el señor Calderón en sus fugas hacia adelante. En este último, a Inglaterra, se asigna una representación latinoamericana que está lejos de ostentar. El desplante de Lula en Washington parece que tocó fibras sensibles de Calderón y aliados. Todo con el ánimo de influir en las próximas elecciones de medio término que, para muchos menesteres, serán una evaluación de su administración y de la representatividad de los partidos que en ella competirán.

Bernardo Barranco V.: El Vaticano interviene a los Legionarios
Alejandro Nadal: G-20: ¿enterrar o resucitar a Keynes?


El invitado más importante en la reunión del G-20 que comienza mañana es el economista John Maynard Keynes, o más bien, su fantasma. Ahí estará, codeándose con todos, aunque los participantes no lo vean. Algunos saludarán sus ideas sobre estímulos fiscales, otros hablarán de su plan para reorganizar el sistema monetario internacional al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Su lugar de invitado de honor se debe a la propuesta del gobernador del Banco Central de China, Zhou Xiaochuan, para reformar el sistema monetario internacional. La propuesta china recuerda que los países que emiten monedas de reserva enfrentan un dilema: o alcanzan sus objetivos internos de política monetaria, o satisfacen la demanda de una reserva internacional. No pueden alcanzar ambos objetivos a la vez: o satisfacen la demanda mundial de liquidez pero generan presiones inflacionarias internas, o restringen la demanda interna pero reducen la liquidez internacional.
La propuesta china señala que se necesita una unidad de reserva estable, desconectada de las economías individuales y que satisfaga las necesidades de liquidez de la economía mundial. Eso es acertado. El funcionario chino recuerda que la propuesta de moneda de reserva internacional la hizo John Maynard Keynes en 1943 y que esa propuesta visionaria no fue aceptada.
Pero una de dos, o en Pekín no han leído bien a Keynes, o simple y llanamente están seleccionando lo que le conviene al gobierno chino y desechando lo que no les gusta. Veamos por qué.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial Keynes llevó a la conferencia de Bretton Woods una propuesta para crear la unidad monetaria universal “Bancor” y la unión internacional de compensación, la International Clearing Union (ICU). Ese instrumento serviría para llevar a cabo ajustes automáticos en el comercio internacional para evitar los desequilibrios entre países con superávit exagerados y aquellos aplastados por déficit incontrolables.
En ese plan las exportaciones e importaciones se pagarían en bancors. Cada país tendría una cuenta en la ICU con un saldo cercano a cero debido a su equilibrio (o desequilibrio moderado) de exportaciones e importaciones. La cuenta en bancors de cada país mantendría una tasa de cambio fija (pero ajustable) con respecto a la moneda local.
El punto central del plan es el mecanismo de ajuste automático entre países superavitarios y deficitarios. Ambos compartirían la obligación de mantener un equilibrio en los flujos mundiales de comercio. Los países con déficit pagarían una tasa de interés a la ICU sobre su deuda en bancors y eso les impulsaría a reducir sus importaciones. Los de saldo comercial superavitario también tendrían que pagar a la ICU por ese excedente en bancors. Eso los incentivaría para invertir sus bancors en los países deficitarios o simplemente para reducir sus excedentes. El plan Keynes buscaba que los esfuerzos de los países deficitarios para equilibrar su balanza comercial coincidieran con el impulso de los países superavitarios para gastar sus bancors (que de otro modo carecerían de valor).
En síntesis, lo esencial del plan Keynes es el mecanismo de ajuste automático. Ese dispositivo habría sido objeto de un acuerdo internacional y habría sido complementado por un régimen regulatorio sobre flujos de capital. Todo eso permitiría aplicar políticas de pleno empleo en lo interno de cada país. El resultado: se impediría que cada país resolviera su problema de desempleo ahogando en exportaciones baratas a los demás. Quedaría vedado subsanar una deficiente demanda efectiva exportando desempleo, que es precisamente lo que sucede en la globalización neoliberal.
No hay que olvidar que hoy los países pobres enfrentarán problemas de liquidez para financiar cualquier esquema expansionista. En el plan Keynes eso se resolvería mediante la expansión de la oferta de la unidad monetaria internacional. Es lo que se pensó hacer originalmente con los derechos especiales de giro del FMI, pero eso no funcionó.
En síntesis, el objetivo del plan Keynes era permitir a cada país retomar una política macroeconómica interna activa, capaz de desempeñar un papel anticíclico. Esto es lo visionario del plan Keynes, no la idea aislada de una “moneda universal”.
Desgraciadamente Keynes fue derrotado en Bretton Woods, de donde salió el Fondo Monetario Internacional, con funciones radicalmente distintas. Y hoy tenemos una mega crisis, con desequilibrios gigantescos entre países superavitarios y deficitarios. Todo se agrava porque el principal país deficitario es, precisamente, el país emisor de la moneda de reserva más importante de los últimos 50 años.
China tiene razón en preocuparse por la calidad de sus reservas. Frente a la amenaza de una fuerte pérdida de valor del dólar, no es cómodo estar sentado encima de un billón de dólares en reservas. Pero hay que tomar en cuenta dos cosas. Primero, ese problema proviene de la manera en que China buscó resolver su problema de desempleo: ahogando en exportaciones baratas al resto del mundo. Segundo, una nueva moneda universal podría tranquilizar la ansiedad de los chinos y otros países con fuertes reservas en dólares. Pero ese no es el único problema que enfrenta la economía mundial. Lástima que la propuesta China sea tan corta de miras. Me temo que sus amigos en el G-20 no buscarán complementarla. Curiosa reunión en Londres. ¿Fiesta en honor de Keynes o su funeral?

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