4/03/2009

Periodistas pal café.........



El deudo Calderón ha creado las condiciones para que en el país entero se den las mismas circunstancias de defraudación electoral anticipada que han sido denunciadas en Campeche. Transido de dolor por la pérdida del joven Mouriño –su Cid campeador–, el notoriamente descompuesto Felipe no dudó en trastocar todo indicio de equilibrio institucional al poner a los pies del ataúd magnificado el aparato entero de poder y al tratar de convertir el historial oscuramente controversial (por usar palabras generosas) del comerciante hispano-mexicano en una gesta heroica a cuyas cuentas familiares sobrevivientes el marcadamente atribulado Felipe (entre rumores de toda índole, algunos incluso apuntando hacia dentro) decidió desde entonces entregar en compensación el estado de Campeche (como si fuera una estación de gasolina o un contrato petrolero más para el Grupo Energético del Sureste).
Si un director de la Lotería Nacional fue a las oficinas del hermano de Juan Camilo Mouriño Terrazo a negociar contratos de publicidad para la campaña del PAN que serían facturados a la paraestatal es porque la línea política de Los Pinos ha decidido que el aparato burocrático y los recursos federales sean puestos al servicio de los intereses panistas en general y, en especial, del padre heredero, Carlos Mouriño Atanes, en el Campeche donde este caudillo hispano decidió por el poder de su personalísimo dedo que el funcionario federal encargado del manejo de fondos y recursos de desarrollo social fuera designado candidato panista a gobernador. Por su parte, Calderón nombró a Miguel Ángel Jiménez en la Lotería Nacional como lo ha hecho con muchos otros funcionarios: en razón de arreglos facciosos o pagos de facturas y dejando los fondos públicos al manejo discrecional de esos bucaneros con botín autorizado. Jiménez no es sino un personero de Elba Esther Gordillo, la cacique sindical que utiliza cuantos fondos y recursos puede en la mejor de las asignaturas que le es dado enseñar, la de las marrullerías partidistas, las alianzas prostituidas, los ejércitos electorales de alquiler y la inyección de dinero salido del erario para “hacer política”. Calderón, el presunto Elliot Ness (región 4), no puede alegar ignorancia del asunto: entregó la Lotería Nacional a una banda de saqueadores que en cumplimiento de instrucciones superiores cometieron la estupidez denunciada por el Diario de Yucatán.
En ese cuadro de evidente delincuencia electoral, lo menos que puede hacer el Vendedor más Grande de México es destituir a Miguel Ángel Jiménez, activar los mecanismos judiciales para que sea procesado por delitos electorales y retirar a Elba Esther Gordillo la concesión de saqueo que por deudas mapacheriles le entregó en la Lotería Nacional, el ISSSTE, la subsecretaría de educación de yernos y otros ámbitos igualmente pervertidos.
En Campeche, mientras tanto, continúa el tejido de las relaciones políticas y partidistas –a partir de ofertas de contratos gubernamentales y de beneficios económicos diversos– que pretenden dejar el paso libre al caporal de los Mouriño, el manipulado Mario Ávila Lizárraga (MAL). Un indicio de la gravedad de la pifia cometida a nombre de la Lotería Nacional (un botón de muestra del amplio vivero de tráfico electoral) ha sido que Germancito el Valiente no fuera al registro de MAL como candidato a gobernador del Estado de Mouriño (en su lugar fue el secretario general). Además, como ironía, el mismo día que estalló el escándalo del soborno electoral estaba en Campeche la fiscal de delitos de ese ámbito, Arely Gómez, a quien su ceremonia intrascendente de firma de convenios con el gobierno estatal quedó marcada por la demanda formal presentada por el partido Convergencia para que se investigue y castigue lo sucedido con las publicidades panistas por facturar a la Lotería.
Astillas
Las propuestas para enfrentar la crisis en México (el Programa para la Defensa de la Economía Popular), presentadas por Andrés Manuel López Obrador, tienen gran similitud con los planes anunciados por Barack Obama para Estados Unidos, según demuestra en un trabajo el doctor Arnulfo Castellanos Moreno, miembro del Departamento de Física de la Universidad de Sonora (disponible en
http://fisicahistoriayasuntosuniversitarios.blogspot.com). Según tal estudio, AMLO busca que se destinen 80 mil millones de pesos al rubro de Estado de Bienestar (lo que significa 0.39% del PIB nacional), mientras Obama habla de 63 mil millones de dólares para un concepto equiparable, el de los Estabilizadores Automáticos (significaría 0.45% del PIB de EU). Para Protección a los Ingresos de los Trabajadores, el tabasqueño plantea 139 mil millones de pesos (0.68% del PIB) y el estadunidense, bajo el concepto de Mecanismos de Acción Rápida, habla de 140 mil millones de dólares (1.01% del PIB). En Reactivación económica y producción al empleo se busca la aplicación de 150 mil millones de pesos en México (0.74% del PIB) y Obama habla de 209 mil millones de dólares destinados a un rubro parecido, Infraestructura y mecanismos de acción lenta sobre la economía (1.5% del PIB). En números redondos, el plan de AMLO plantea el ejercicio de 369 mil millones de pesos (1.81% del PIB nacional) y el de Obama 412 mil millones, pero de dólares (2.96% del PIB gringo). Castellanos Moreno considera “relevante” la demostración de esas coincidencias “en conceptos y acciones” porque “en los noticieros mexicanos se trata con una actitud a Barack Obama y con la opuesta a AMLO”. Además, señala que “el plan de AMLO es mucho más sano, pues plantea obtener los recursos a partir del ahorro en el gasto del gobierno federal, mientras que el de Estados Unidos es deuda contraída”. El ingeniero Jorge Luis Taddei Bringas, quien encaminó a este tecleador hacia el trabajo del doctor Castellanos Moreno, simplemente comentó: “lo que aquí asustó a algunos, allá es la esperanza del pueblo estadunidense”. ¡Feliz fin de semana, ya con extensión, es decir, con extinción de dominio!
Fax: 5605-2099 •
juliohdz@jornada.com.mx

Enrique Galván Ochoa: Dinero

El dato es revelador: sólo el 68% de los capitalinos pagó la tenencia. De un padrón de 2 millones 200 mil automovilistas cumplió un millón y medio, al expirar el plazo el pasado martes, según datos del secretario de Finanzas, Mario Delgado. A pesar de la amenaza de que no podrán verificar sus vehículos y de las facilidades: tarjetazo a 6 o 12 meses con tasa 0. Los resultados en el resto de la República no se esperan mejores. ¿Causas? En primer lugar la crisis. Y eso que la capital es una ciudad de burócratas: casi todos tenemos en la familia un empleado del gobierno central, o del Distrito Federal, un profesor, un aviador de Pemex, en la AFI y no faltan picudos con un tío en la Asamblea de Representantes, el Congreso o el Poder Judicial. No les falta la sagrada quincenita, contrario a lo que sucede en ciudades industriales donde el desempleo es pavoroso. También contó la irritación de los automovilistas. Una intensa campaña en Internet avivó la esperanza de que se cancelaría la tenencia. Inclusive hubo una promoción –ahora nos damos cuenta que de que se trató de un engaño– en la Cámara de Diputados: los partidos se sumaron a una propuesta del panista Gerardo Buganza para adelantar tres años la derogación. La iniciativa expiró en la Comisión de Hacienda, cuando el priísta Jorge Estefan Chidiac dijo que no procedía porque afectaba los ingresos de los estados. Efectivamente, es una fuente de dinero para los sueldos, los aviones, la vida de lujo de los gobernadores. Y sus ahorritos. Felipe Calderón se lavó las manos: “Por mí, que se quite, la verdad; pero en los estados esa es la bronca, porque todo lo que se recauda de la tenencia va para los estados y finalmente el argumento de los gobernadores, sin distingos de partido, es decir: no me descobijen en esto”. Olvidó que en su campaña había prometido que si votaban por él desaparecería ese impuesto. Ya instalado en Los Pinos aclaró que cumplirá pero hasta el año 2012. No dijo si en la mañana o en la tarde. La Tesorería del Distrito Federal, a pesar de todo, sacó de nuestros bolsillos 3 mil 500 millones de pesos.
Capitalismo reloaded
El gran personaje de la cumbre del G-20 en Londres sin lugar a la menor duda fue Barack Obama. Habría que incluir a Michelle, su esposa, que se propuso lucir elegante aun con atuendos de precios a tono con la crisis: no más de 6 mil pesos (en Polanco suelen ser más caros). Fue más allá: aunque el protocolo prohíbe tener contacto corporal con la reina, hubo una mutua fascinación, se abrazaron. La cumbre tomó el acuerdo de inyectar un millón de millones de dólares para revivir a la economía mundial –además de lo que ya han invertido los gobiernos nacionales por su propia cuenta. Trazó algunas políticas que intentan reinventar el capitalismo: imponer límites estrictos a los fondos de inversión de alto riesgo, a los pagos millonarios de los ejecutivos, a los reportes falsos de las firmas calificadoras de crédito y a los negocios excesivamente riesgosos de los bancos. Esos son los propósitos, habrá países del G-20 que no puedan cumplir, como México, donde los políticos están sometidos al poder financiero. Los participantes sufrieron el acoso de los manifestantes anticapitalistas, la policía tuvo que montar barricadas. Habrá otra reunión el próximo septiembre en Nueva York.

Los pánicos bancarios que se pueden representar con largas colas de cuentahabientes para retirar todos sus depósitos (lo que se llama una corrida bancaria), y que producía la bancarrota de los bancos afectados, le sirve a Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, para hacer un símil y sostener que la crisis financiera de 2008 puede verse como un pánico del sistema bancario sombra que se representa, dados los cambios tecnológicos, ya no por largas filas sino por múltiples tecleos de mouse para retirar inversiones o vender valores.
Para explicar qué es el sistema bancario sombra, empieza por explicar qué es el sistema bancario tradicional: una institución que recibe depósitos del público (originalmente para proteger sus valores), retirables en cualquier momento (como las cuentas de cheques), y presta una parte de los mismos cobijándose en la ley de los promedios que prevé que no todos intentarán retirar su dinero al mismo tiempo,1 salvo si hay rumores de que el banco está en problemas o a punto de sufrir una corrida bancaria. Estos pánicos bancarios eran contagiosos: cuando ocurría una corrida, los cuenta-habientes de otros bancos también entraban en pánico. En EU hubo pánicos bancarios en 1873, 1907 y en los años treinta. Como resultado del pánico de 1907, se creó en 1913 el Sistema de la Reserva Federal (la Fed), la banca central de EU, con atribuciones para obligar a los bancos a mantener reservas adecuadas. Pero no eliminó el peligro de corridas bancarias, que fueron numerosas en 1930, 1931 y 1933.
La Ley Glass-Steagall fue la respuesta a estas corridas: separó los bancos en bancos de depósito (o comerciales) y bancos de inversión (que no recibían depósitos). Los riesgos que los primeros podían correr fueron fuertemente restringidos, se aseguraron los depósitos con cargo a recursos presupuestarios federales (función que en México cumple una institución de mala fama: el Fobaproa –Fondo Bancario de Protección al Ahorro–) y se abrió para ellos la ventanilla de descuento (crédito) de la Fed. Los bancos de inversión fueron mucho menos regulados porque se supuso que no estaban sujetos a corridas.
Pero ante estas regulaciones fue surgiendo el sistema bancario sombra que se caracteriza por instituciones no reguladas, lo que les permite ofrecer mejores condiciones tanto a inversionistas como a deudores. El ejemplo que detalla Krugman es de los valores de tasa-subastada (auction-rate securities), inventado por Lehman Brothers en 1984, en los cuales los deudores reciben créditos de largo plazo, mientras los inversionistas, si bien invierten a largo plazo se pueden salir en subastas semanales, en las cuales nuevos inversionistas pujan por sustituir a los que quieren salirse. La tasa de interés fijada en esas subastas prevalece hasta la siguiente subasta. Como no están regulados, estos “vehículos” financieros no tienen que mantener reservas líquidas ni otros requisitos ni incurrir en algunos gastos de los bancos comerciales, por lo que pueden ser un gran negocio, pero carecen de la red de seguridad de la banca comercial. Estos valores llegaron a tener 400 mil millones de dólares, pero se colapsaron en 2008, cuando hubo muy pocos inversionistas dispuestos a remplazar a quienes se querían salir. Así, la inversión retirable a corto plazo se volvió de largo plazo, haciendo que menos y menos inversionistas quisieran entrar. Lo que le ocurrió a los valores de tasa subastada fueron una serie de corridas bancarias, concluye y procede a justificar por qué denomina sistema bancario sombra a ésta y otras instituciones que no son bancos, pero que actúan como tales: porque, a diferencia de los verdaderos, no operan a la luz del sol, sino en la sombra.
Cita a Timothy Geithner, hoy secretario del Tesoro en el gobierno de Obama, quien en 2008 dijo que en los años del boom el sistema bancario sombra (o sistema financiero paralelo) creció hasta superar a la banca tradicional y que:
La escala de activos riesgosos y no líquidos, financiados con pasivos de muy corto plazo, hizo que varios de los vehículos e instituciones en este sistema financiero paralelo fuesen vulnerables a un tipo clásico de corrida, pero sin las protecciones, como el seguro de depósitos, que el sistema bancario posee para reducir tales riesgos.
En la búsqueda de culpables o causas de la crisis financiera, Paul Krugman señala que ha habido muchos señalamientos falsos de culpables, que en la izquierda se señala la desregulación, particularmente la derogación de la Ley Glass-Steagall en 1999, que liberó a los bancos comerciales para incursionar en el negocio de los bancos de inversión, aunque considera que la crisis tiene que ver con instituciones que nunca estuvieron reguladas. Concluye:
“Éste es, yo argumentaría, el núcleo de lo que pasó. A medida que el sistema bancario sombra se expandió para rivalizar o incluso rebasar a la banca convencional en importancia, los políticos y los oficiales gubernamentales tendrían que haberse percatado que estaban recreando el tipo de vulnerabilidad financiera que hizo posible la Gran Depresión y tendrían que haber extendido la regulación y la red de seguridad financiera para proteger a las nuevas instituciones.” (p. 163)
Todas las advertencias fueron ignoradas. El espíritu de los tiempos y la ideología de la administración de George W. Bush eran profundamente antirregulatorios, señala. Mientras tanto, quienes debieran haber estado preocupados por la fragilidad del sistema, sobre todo Alan Greenspan, estaban cantando loas a la innovación financiera. Así que los riesgos crecientes de una crisis del sistema financiero y de la economía fueron ignorados y la crisis llegó, finaliza Krugman.
A pesar de su habilidad expresiva y su carácter didáctico, se queda en el análisis superficial que ve en la desregulación del sector financiero la causa única de la crisis; no busca las causas de fondo en la economía real. Más adelante confesará explícitamente: “no sabemos cómo ocurren las crisis”, reflejando de un plumazo el verdadero estado de la “ciencia económica”.
1 Una vez que empiezan a prestar, los bancos así nacidos pueden prestar más allá de todos sus depósitos, pueden crear dinero. Dice John Kenneth Galbraith (El dinero, Ediciones Orbis, Barcelona, 1983): “El proceso de creación de dinero por los bancos es tan simple que repugna a la mente”. Cuando un banco presta el dinero que le ha sido depositado, los depósitos originales siguen vigentes, siguen siendo dinero (puedo emitir un cheque, por ejemplo). “De este modo se había creado dinero”, añade Galbraith. En México los depósitos en cuenta de cheques son más grandes que los billetes y monedas en circulación. La obra de PK que cito en esta entrega, como en la anterior (27/03/09), es The Return of Depression Economics and the Crisis of 2008, W,W. Norton, Nueva York, 2009.
jbolt@colmex.mx

Parece que los aires londinenses sacudieron la deteriorada neurona del gobierno calderonista, pues su terca cuan irreal expectativa sobre la economía mexicana cambió de un día para otro (del tequilero Medellín a la refrescante capital inglesa), pues la Secretaría de Hacienda ya no se aferra a que México registrará este año un crecimiento económico positivo” (Carstens dixit en la ciudad colombiana; ver México SA del pasado 30 de marzo), sino que ahora reconoce, en pleno periplo por la tierra de Isabel) una caída de cuando menos 2.8 por ciento en 2009.
En Medellín, el doctor “catarrito” celebraba, con una “edición exclusiva de 120 botellas” de tequila reposado, la designación de Cancún como la sede de la asamblea 2010 del Banco Interamericano de Desarrollo; en Londres, el crédito del Fondo Monetario Internacional que “blindará” a la “blindada” economía mexicana. El problema es que de una ciudad a otra, de un clima tropical a los fríos europeos, la calculadora del fallido beisbolista reaccionó en sentido contrario: del “México registrará este año un crecimiento económico positivo” pronunciado en el cálido clima colombiano, al México registrará una caída de 2.8 por ciento en 2009.
A ciencia cierta no se sabe si las estimaciones de la Secretaría de Hacienda dependen del clima, el humor o el tequila reposado, pero si nos atenemos a la más reciente de ellas, entregada formalmente el miércoles muy noche a la Cámara de Diputados, el gobierno calderonista se vio en la penosa necesidad de aproximarse a la realidad económica del país y, por ende, reducir, una vez más, su proyección sobre el “crecimiento” en el presente año, dado lo profundo de la crisis, o lo que es lo mismo, lo que todos de tiempo atrás sabían.
Así, del originalmente previsto 3 por ciento de crecimiento económico en 2009, pasó a 1.8 por ciento; de allí a cero por ciento; en Medellín reconsideró y se apresuró a pronosticar un “crecimiento positivo”, para 24 horas después reconocer una caída de cuando menos 2.8 por ciento, no sin antes difundir la nota feliz de que en 2010 “creceremos 2 por ciento” (SHCP: Documento relativo al cumplimiento de las disposiciones contenidas en el artículo 42, fracción I, de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria 2009), aunque no explica cómo.
Con las nuevas proyecciones del doctor “catarrito” y técnicos que lo acompañan, se llega a la siguiente conclusión: la tasa anual promedio de “crecimiento” económico en México sería de un raquítico 0.92 por ciento en cuatro años de calderonismo (2007-2010), la peor, para un periodo igual, desde tiempos del inefable Miguel de la Madrid, cuyo promedio fue -0.25 por ciento. El “logro” del actual inquilino de Los Pinos sólo es equiparable al de Alvaro Obregón (0.98 por ciento) entre 1921 y 1924, es decir, 85 años atrás, cuando el país también estaba en crisis.
Lo anterior, desde luego, en el lejano caso de que se cumplan las idílicas expectativas del gobierno calderonista para 2009 y 2010, porque la cosa pinta mucho peor, pero en cualquiera de los casos con dicho resultado (0.92 por ciento) obvio es que nadie puede “vivir mejor”, como asegura el bombardeo propagandístico del inquilino de Los Pinos.
Para dar un punto de comparación, hay que ver cómo se comportó la economía mexicana en los primeros cuatro años de los seis gobiernos anteriores (todos con devaluación y crisis, y algunos con mega crisis). Va la tasa anual promedio alcanzada por: Vicente Fox, 1.5 por ciento; Ernesto Zedillo, 2.65; Carlos Salinas, 4.26; Miguel de la Madrid, -0.25; José López Portillo, 7.82; y Luis Echeverría, 6.4. De hecho, administraciones como las de Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines (con devaluaciones superiores a 50 por ciento en cada una) los resultados para un mismo periodo fueron infinitamente superiores a los de Calderón: 5.72 y 6.41 por ciento, respectivamente.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, platica con su homólogo mexicano, Felipe Calderón, en un receso de la cumbre del G-20, que ayer concluyó en Londres. Atestigua el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero">Foto Reuters
Entonces, para que Felipe Calderón cumpla con una de sus promesas de campaña (5 por ciento de crecimiento promedio anual durante su sexenio) y con lo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012 (la misma proporción), la economía mexicana tendría que reportar un incremento del PIB no menor a 15 por ciento en 2011 y una proporción igual en 2012, si es que quiere alcanzar ese 5 por ciento comprometido. Así, sumen la anterior al de por sí grueso inventario de FC de promesas incumplidas.
Mientras él y Carstens celebran el “blindaje” referido, hay noticias que reflejan lo bien que va el modelo económico mexicano: Haití, nuestro sempiterno competidor en lo que se refiere al peor crecimiento económico en América Latina y el Caribe, se aleja peligrosamente de su rival, México, y en este caótico 2009 ocupará el escalón número 13 en el contexto latinoamericano, con 0.5 por ciento de crecimiento.
Así, México resulta el indiscutible vencedor en eso del peor comportamiento regional, al ocupar el escalón 20 de 20 posibles (el último, pues) de acuerdo con la proyección que ayer hizo circular la Cepal. Brasil se estaciona en la penúltima posición, con una caída de uno por ciento, y arriba de él se colocan Costa Rica y Paraguay, con un descenso en sus respectivas economías de 0.5 por ciento. Son los únicos países de la región que reportarán caída en sus economías.
En sentido contrario, sin “blindaje” ni “líneas de crédito”, Panamá reportará un crecimiento de 4 por ciento, ocupando la primera posición latinoamericana; le siguen Perú (3.5 por ciento), Cuba y Bolivia (3) y Uruguay (2.5 por ciento), proporciones que en tiempos de crisis representan un verdadero bombón. Cuatro países reportarán un crecimiento de 1.5 por ciento en 2009: República Dominicana, Honduras, Guatemala y Argentina; uno por ciento Nicaragua y Venezuela; Colombia, Haití y El Salvador, 0.5 por ciento; Ecuador y Chile redondean el panorama, con cero por ciento.
México, pues, con su “blindaje”, su “línea de crédito”, su “sólido” navío de “gran calado” y su “envidiable equipo económico y financiero”, último lugar latinoamericano en crecimiento, o lo que es lo mismo, realidad contra discurso oficial.
Las rebanadas del pastel
Ahora que la propaganda electoral está a la orden del día, no sé por qué viene a la memoria aquel espot panista transmitido por los medios electrónicos a mediados de 2006, el cual advertía (en off una voz de sepulturero): si gana el contrincante, “aumentará la deuda, habrá devaluación y crisis; ¿quién puede salvar a México”... y sonriente aparecía el mismísimo Felipillo. Tres años después, uno se pregunta: ¿esa propaganda blanquiazul fue guerra sucia, humor negro, o premonición?
cfvmexico_sa@hotmail.commexicosa@infinitum.com.mx

Es hora de la venganza porque los tiempos apremian y para Nueva Izquierda tal vez no exista otra oportunidad.
Cada vez con menos instrumentos de poder, los chuchos chicos, que se sintieron dueños de la política en el DF, ahora defenestrados por la población que les ha dado la espalda, claman eso: venganza.
Ahora es en contra del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, a quien consideran su enemigo. Pero ya casi no tienen formas de articular ningún desquite, sólo queda la triste figura de Víctor Hugo Círigo, hermano y testaferro de René Arce, quien, desde la Asamblea Legislativa de la ciudad, trata de comandar una ofensiva que destruya alguno de los planes de gobierno de Ebrard.
La historia más reciente cuenta que esos chuchos chicos pretendieron, bajo signos de amenaza y chantaje, someter a sus caprichos a todo el perredismo y al gobierno. No les importaba lo que dijera la gente, tampoco lo que merecían las otras tribus, y menos aún lo que planeara el gobierno, porque supusieron que ellos eran el gobierno.
Así, desde ese balcón de vista cerrada trataron de obligar el jefe de Gobierno a entregarles así, sobre la mesa, todo el poder, o casi, de la capital del país. De ellos fue la idea de involucrar a Marcelo Ebrard en la contienda, para después, si no saciaba sus apetitos, acusarlo de meter las manos en la elección.
Y sí, aunque no partió de la jefatura de Gobierno, tuvieron un ofrecimiento: las cosas se quedarían como estaban, es decir, ellos operarían la jefatura delegacional en Iztapalapa, Venustiano Carranza, y obtendrían la mayoría de candidatos a las diputaciones federales y locales.
No aceptaron. Arce quería más. Exigió también el control de la delegación Gustavo A. Madero, cuando menos. En otras palabras, la intención era montarse sobre el gobierno. Se le advirtió que de no aceptar corría el riesgo de perder casi todo. No aceptó y perdió casi todo.
Ahora busca la revancha, por eso Víctor Hugo Círigo pretende echar abajo la intención de Ebrard de dar una tregua impositiva al sector restaurantero de la ciudad para reactivar la economía en lo que toca a ese giro comercial.
Con eso, Nueva Izquierda se ha convertido, entre el afán de notoriedad y la venganza, en el enemigo de los restauranteros del DF, y eso para sus propósitos inmediatos, que es llevar a Arce a la candidatura por la jefatura de Gobierno dentro de tres años, tendrá un costo fundamental.
De pasadita
Escuché, hace unos días, una voz que pretendía hacer creer a un grupo de personas que el primer deber de un Estado es brindar seguridad a quienes lo pueblan. Con ese argumento pretendía justificar la matanza entre mexicanos que ha propiciado el gobierno federal en guerra contra el narco.
Se le olvidó decir, porque debe de ser olvidadizo, que el ejército de sicarios, de asesinos, que reclutó el narco, no proviene de las universidades, ni tampoco de los centros de trabajo con obreros bien pagados, o cuando menos en condiciones laborales aceptables.
Los asesinos son jóvenes y viejos que, en la mayoría de ocasiones, no hallaron formas de sobrevivencia en un régimen de derecha preocupado, eso sí, por proteger a los poderosos.
Esto viene a cuento porque en una de las mañanas del principio de esta semana, al presentar un libro sobre la reconstrucción de barrios que ha hecho el gobierno de Marcelo Ebrard, caímos en la cuenta, gracias a la gente, de que cuando desde el poder se impulsa el trabajo colectivo y se conjuga el nosotros para hacer valer el yo; cuando las becas, los hospitales, el seguro de desempleo forman parte del quehacer político, la delincuencia se abate, y la seguridad brota casi espontánea. ¿Será que la seguridad que reclamaba aquella voz era sólo para los poderosos, para los muy poderosos?
Ojalá no sea así, porque si se sigue asfixiando a este país, muy pronto, de los desempleados con título universitario y de las oficinas, y de las fábricas, se nutrirá el ejército de sicarios que peleará a muerte contra los de su propia raza, dicen esas voces que en nombre de la seguridad justifican los abusos actuales.
ciudadperdida_2000@yahoo.com.mxciudadangel@hotmail.com

Colombia Moya: Andanzas
G-20: en la dirección correcta
Como resultado de la reunión cumbre celebrada en Londres, los gobernantes del G-20 anunciaron la puesta en práctica de un plan de reactivación de la economía mundial que incluye una inyección de un billón de dólares a las finanzas mundiales (tres cuartas partes de los cuales irán a los países más afectados por la catástrofe en curso) y medidas para prevenir la especulación desenfrenada y el descontrol de los organismos financieros internacionales: la reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), la creación de un Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés), encargado de alertar sobre riesgos macroeconómicos y financieros y de extender la regulación en los mercados; el aislamiento de los países considerados paraísos fiscales”; la severa acotación del secreto bancario; la regulación de salarios y bonificaciones de banqueros; el endurecimiento de la normativa financiera para aumentar la supervisión de fondos de inversión y agencias de calificación crediticia, y la puesta en venta de las reservas de oro del Fondo Monetario Internacional (unos seis mil millones de dólares) para ayudar a los países más necesitados.
El paquete de medidas no tiene precedente y constituye el acuerdo económico internacional más importante desde la Conferencia Monetaria y Financiera de Bretton Woods (1944), con la diferencia de que, mientras en aquella ocasión Estados Unidos hegemonizó el encuentro, en la reunión de Londres predominó un espíritu más multilateral y menos excluyente. En este punto sería pertinente aquilatar la importancia del cambio de administración que tuvo lugar recientemente en Washington, pues en la lógica del gobierno de George W. Bush la interacción que tuvo lugar en Londres habría sido llanamente imposible.
Por otra parte, en el encuentro cumbre del G-20 han tenido lugar los funerales del llamado “consenso de Washington”, que preconizaba una suprema austeridad fiscal, el castigo económico a las poblaciones de países en apuros mediante las famosas”terapias de choque” recetadas por el FMI y el BM, y la rendición de las naciones ante los intereses de los capitales financieros trasnacionales. Por el contrario, tras los desastrosos resultados del neoliberalismo –que se vivieron en los países pobres muchos años antes que en las naciones ricas que lo impusieron en casi todo el planeta–, se ha visto la necesidad de reactivar la economía y la producción y de poner límites a los apetitos insaciables de la especulación capitalista. Ese solo hecho permite hacerse un juicio en principio positivo de lo logrado en Londres.
Por supuesto, el plan internacional anunciado ayer es sólo el principio de las acciones sostenidas y enérgicas que deben ser adoptadas a fin de abreviar los tiempos de la recesión y recuperar el crecimiento sobre bases menos endebles que las que imperaron hasta hace unos meses. Lo acordado requiere de un seguimiento estricto por parte de los gobernantes y, sobre todo, de una firme voluntad política para llevarlo a cabo, porque nada garantiza, por ahora, que el billón de dólares sea utilizado en forma correcta y que no se desvanezca en los escenarios de burocratismo y corrupción que no son, ciertamente, exclusivos de las naciones en desarrollo.
Por añadidura, nadie puede garantizar que las medidas anunciadas ayer serán capaces, por sí mismas, de inducir una reactivación económica generalizada. Son, por ahora, un paso en la dirección correcta, pero está pendiente la prueba de la realidad. Cabe esperar, para beneficio de la comunidad mundial, que logren superarla.

Gilberto López y Rivas: Incursión militar en Ocotepec, Morelos

La Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos denunció la incursión militar al pueblo indígena de Ocotepec, Morelos, ubicado en el nororiente de la ciudad de Cuernavaca y regido por usos y costumbres como ayudantía municipal.
El domingo 22 de marzo, cerca de media noche, tres tanquetas artilladas y dos vehículos más del Ejército Mexicano de la 24 Zona Militar tomaron por asalto el centro del pueblo. Alrededor de 40 soldados –fuertemente armados y algunos de ellos encapuchados– detuvieron y sometieron a 15 elementos de la ronda de vigilancia, ocupando las instalaciones de la ayudantía, donde rompieron los candados de las puertas de la cárcel y pusieron en libertad a dos personas que habían sido detenidas por encontrarse ebrias en una calle donde se han cometido diversos robos. De manera prepotente, se negaron a identificarse y amenazaron a los policías comunitarios con que se “los iba a llevar la fregada” si se atrevían a detenerlos, ya que eran “muy influyentes”. No obstante, fueron conducidos a los separos, donde se les decomisaron cinturones, agujetas, un celular y un arma blanca.
Media hora después fueron liberados por la intervención castrense, según trascendió, porque uno de ellos es militar y el otro hijo de un alto oficial del Ejército. Las camionetas de los elementos de la ronda de vigilancia fueron rodeadas por militares, quienes con palabras altisonantes les decomisaron toletes, los encañonaron y catearon, los voltearon contra la pared, con las piernas separadas y los brazos abiertos, mientras el oficial al mando, encapuchado y sin mostrar las insignias de su grado, les dijo: “a ustedes les gusta pegarle a los soldados, ¿qué, se creen muy cabrones, indios ojetes?” Los tiraron al suelo, boca abajo y les dieron 10 segundos para entregar las pertenencias de los detenidos.
El oficial procedió a someter a interrogatorio a cada uno de los elementos de la ronda de vigilancia. Ahí separaron al que traía botas militares adquiridas en un tianguis, a quien se las decomisaron luego de golpearlo dos veces con la culata del rifle, “porque nadie debe usar artículos del Ejército porque es un delito”.
Detuvieron al comandante de la ronda, Gerardo Estrada Rosas, y a su cabo de cuarto, Francisco Javier Ragil Rangel, a quienes trataron de fotografiar, inútilmente, con un paquete que al parecer contenía mariguana y cocaína que los propios militares traían, por lo que procedieron a llevárselos.
El oficial del Ejército amenazó al resto de los policías comunitarios, diciéndoles que era la primera y única vez que se metían con militares, ya que “se debe respetar el uniforme”; les indicaron que no se levantaran hasta después de cinco minutos, partiendo el convoy con rumbo desconocido. Con todo, familiares de los detenidos siguieron a los militares, pero fueron intimidados con armas largas.
El convoy se dirigió hacia las instalaciones de la delegación Morelos de la Procuraduría General de la República, donde se negaron a recibir a los secuestrados porque las acusaciones fabricadas de “robo y lesiones” no son de índole federal, por lo que los militares se dirigieron a las instalaciones de la Procuraduría General Judicial del estado, resguardando sus instalaciones decenas de soldados armados y encapuchados hasta las cuatro y media de la tarde del 23 de marzo, cuando se retiraron, llevándose a los dos supuestos militares, y ahora tratando de fincar la acusación contra los policías comunitarios por el delito de “privación ilegal de la libertad”.
Con estas acciones, los militares violentan las garantías individuales amparadas en la Constitución y, en particular, el artículo 129 constitucional, el cual estipula que en tiempo de paz ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar.
La agresión a Ocotepec violenta también el Reglamento General de Deberes Militares en su artículo 4, que prohíbe a los militares, cualquiera que sea su jerarquía, dar órdenes que sean contrarias a las leyes y reglamentos que lastimen la dignidad o decoro de sus inferiores, o que constituyan un delito; el 23, que exhorta a no cometer acción alguna que pueda traducirse en desprestigio del Ejército; el 28, que prohíbe a todo militar desempeñar funciones de policía urbana, o invadir las funciones de ésta. Inclusive, cuando intervenga en casos flagrantes de acuerdo con el artículo 16 constitucional, dicha intervención terminará desde el momento en que un miembro de la policía u otra autoridad se presente. Tampoco deberá, de modo alguno, impedir que la policía ejerza su autoridad, funciones y consignas.
Asimismo, se violenta el artículo 29 del mismo reglamento, que señala que los militares no intervendrán jamás en asuntos de la incumbencia de las autoridades civiles, cuyas funciones no les es permitido entorpecer, antes bien, respetarán sus determinaciones y les prestarán el auxilio necesario cuando sean requeridos. El artículo 45 prohíbe a los miembros del Ejército ayudar a otros militares en el caso que se trate de fomentar alguna falta o delito, como ocurrió en Ocotepec.
Estos hechos violentan también el artículo 2 constitucional, que reconoce y garantiza el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación y la autonomía y constituyen una transgresión al Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, firmado y ratificado por México, que obliga a los estados a garantizar el respeto a la integridad, identidad social y cultural, costumbres, tradiciones e instituciones de los pueblos indígenas, así como prohíbe el uso de la fuerza y la coerción que viole los derechos humanos y los que como pueblos les corresponden.
Señor general secretario: ¿Usted aprueba estas conductas de sus subordinados? ¿Pueden actuar con tal nivel de impunidad y deterioro de la disciplina?

Jorge Camil: Tlatelolco: genocidio sin culpables

La Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos denunció la incursión militar al pueblo indígena de Ocotepec, Morelos, ubicado en el nororiente de la ciudad de Cuernavaca y regido por usos y costumbres como ayudantía municipal.
El domingo 22 de marzo, cerca de media noche, tres tanquetas artilladas y dos vehículos más del Ejército Mexicano de la 24 Zona Militar tomaron por asalto el centro del pueblo. Alrededor de 40 soldados –fuertemente armados y algunos de ellos encapuchados– detuvieron y sometieron a 15 elementos de la ronda de vigilancia, ocupando las instalaciones de la ayudantía, donde rompieron los candados de las puertas de la cárcel y pusieron en libertad a dos personas que habían sido detenidas por encontrarse ebrias en una calle donde se han cometido diversos robos. De manera prepotente, se negaron a identificarse y amenazaron a los policías comunitarios con que se “los iba a llevar la fregada” si se atrevían a detenerlos, ya que eran “muy influyentes”. No obstante, fueron conducidos a los separos, donde se les decomisaron cinturones, agujetas, un celular y un arma blanca.
Media hora después fueron liberados por la intervención castrense, según trascendió, porque uno de ellos es militar y el otro hijo de un alto oficial del Ejército. Las camionetas de los elementos de la ronda de vigilancia fueron rodeadas por militares, quienes con palabras altisonantes les decomisaron toletes, los encañonaron y catearon, los voltearon contra la pared, con las piernas separadas y los brazos abiertos, mientras el oficial al mando, encapuchado y sin mostrar las insignias de su grado, les dijo: “a ustedes les gusta pegarle a los soldados, ¿qué, se creen muy cabrones, indios ojetes?” Los tiraron al suelo, boca abajo y les dieron 10 segundos para entregar las pertenencias de los detenidos.
El oficial procedió a someter a interrogatorio a cada uno de los elementos de la ronda de vigilancia. Ahí separaron al que traía botas militares adquiridas en un tianguis, a quien se las decomisaron luego de golpearlo dos veces con la culata del rifle, “porque nadie debe usar artículos del Ejército porque es un delito”.
Detuvieron al comandante de la ronda, Gerardo Estrada Rosas, y a su cabo de cuarto, Francisco Javier Ragil Rangel, a quienes trataron de fotografiar, inútilmente, con un paquete que al parecer contenía mariguana y cocaína que los propios militares traían, por lo que procedieron a llevárselos.
El oficial del Ejército amenazó al resto de los policías comunitarios, diciéndoles que era la primera y única vez que se metían con militares, ya que “se debe respetar el uniforme”; les indicaron que no se levantaran hasta después de cinco minutos, partiendo el convoy con rumbo desconocido. Con todo, familiares de los detenidos siguieron a los militares, pero fueron intimidados con armas largas.
El convoy se dirigió hacia las instalaciones de la delegación Morelos de la Procuraduría General de la República, donde se negaron a recibir a los secuestrados porque las acusaciones fabricadas de “robo y lesiones” no son de índole federal, por lo que los militares se dirigieron a las instalaciones de la Procuraduría General Judicial del estado, resguardando sus instalaciones decenas de soldados armados y encapuchados hasta las cuatro y media de la tarde del 23 de marzo, cuando se retiraron, llevándose a los dos supuestos militares, y ahora tratando de fincar la acusación contra los policías comunitarios por el delito de “privación ilegal de la libertad”.
Con estas acciones, los militares violentan las garantías individuales amparadas en la Constitución y, en particular, el artículo 129 constitucional, el cual estipula que en tiempo de paz ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar.
La agresión a Ocotepec violenta también el Reglamento General de Deberes Militares en su artículo 4, que prohíbe a los militares, cualquiera que sea su jerarquía, dar órdenes que sean contrarias a las leyes y reglamentos que lastimen la dignidad o decoro de sus inferiores, o que constituyan un delito; el 23, que exhorta a no cometer acción alguna que pueda traducirse en desprestigio del Ejército; el 28, que prohíbe a todo militar desempeñar funciones de policía urbana, o invadir las funciones de ésta. Inclusive, cuando intervenga en casos flagrantes de acuerdo con el artículo 16 constitucional, dicha intervención terminará desde el momento en que un miembro de la policía u otra autoridad se presente. Tampoco deberá, de modo alguno, impedir que la policía ejerza su autoridad, funciones y consignas.
Asimismo, se violenta el artículo 29 del mismo reglamento, que señala que los militares no intervendrán jamás en asuntos de la incumbencia de las autoridades civiles, cuyas funciones no les es permitido entorpecer, antes bien, respetarán sus determinaciones y les prestarán el auxilio necesario cuando sean requeridos. El artículo 45 prohíbe a los miembros del Ejército ayudar a otros militares en el caso que se trate de fomentar alguna falta o delito, como ocurrió en Ocotepec.
Estos hechos violentan también el artículo 2 constitucional, que reconoce y garantiza el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación y la autonomía y constituyen una transgresión al Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, firmado y ratificado por México, que obliga a los estados a garantizar el respeto a la integridad, identidad social y cultural, costumbres, tradiciones e instituciones de los pueblos indígenas, así como prohíbe el uso de la fuerza y la coerción que viole los derechos humanos y los que como pueblos les corresponden.
Señor general secretario: ¿Usted aprueba estas conductas de sus subordinados? ¿Pueden actuar con tal nivel de impunidad y deterioro de la disciplina?

Luis Javier Garrido: La aquiescencia

La soberanía e independencia de México están amenazadas como nunca en nuestra historia reciente, y las últimas iniciativas de la administración de Obama lo siguen poniendo de relieve.
1. El beneplácito dado por Los Pinos al ideólogo de origen cubano Carlos E. Pascual, experto en desmantelar estados nacionales, como embajador del gobierno de Barack Obama en México, según anuncio hecho por la Casa Blanca el 25 de marzo, marca un paso determinante en el rápido proceso de claudicación que han tenido los gobiernos panistas al abdicar ya abiertamente de sus responsabilidades nacionales y abrirle a Washington la vía para una intervención cada vez más abierta y directa en la toma de decisiones.
2. El perfil político del que está a punto de convertirse en nuevo embajador de Estados Unidos en México trastoca por completo las prácticas diplomáticas usuales, pues no es sólo un funcionario con un perfil intervencionista, como pudieron tener otros embajadores estadunidenses recientes en México –Joseph John Jova (1974-1977) o John Dimitri Negroponte (1989-1993)–, o carente de experiencia diplomática –como Julian Nava (1980-1981) o el actor John A. Gavin (1981-1986)–, sino que se trata de un teórico ideologizante del modelo político neoliberal, que se ha ido edificando como un corolario del económico, y que ha preconizado y puesto en práctica la deconstrucción de los estados nacionales, calificándolos de “inviables” o “fallidos”, para dar paso a un control de los países clave para Washington, que a su juicio no pueden ni deben tener una capacidad soberana para definir sus políticas.
3. El simple currículum del que está siendo llamado a ser el embajador de Obama en México habría bastado para que en términos de los usos y costumbres diplomáticos actuales el gobierno mexicano se negase a aceptar este embajador de perfil intervencionista, pero al parecer la decisión que aceptaron los dos funcionarios que deciden estos asuntos, el embajador del gobierno de facto en Washington, Arturo Sarukhán, y el asesor de Los Pinos en Política Exterior, Rafael Fernández de Castro –que parecen responder más a los intereses de Estados Unidos frente a México que a la inversa, como sería de esperarse–, fue determinante, dado por sentado el entreguismo de Calderón y el papel inútil que desempeñan la secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, y el Senado de la República.
4. Pascual –quien nunca ha ocupado un cargo relacionado con América Latina, y que para imponer el modelo neoliberal del cual es fanático ha preconizado, según la nota de La Jornada del 27 de marzo, la necesidad de “cambiar el tejido social de las naciones” y crear estados “orientados hacia el mercado”, ufanándose de haber contribuido a desmantelar la Unión Soviética– tiene como su más preciado galardón haber intervenido de manera determinante como embajador de Estados Unidos en Ucrania, entre 2000 y 2003, en el proceso interno de ese país que condujo al poder a la Revolución Naranja, que propició la ruptura con Rusia y la entrega de los recursos estratégicos ucranianos a Estados Unidos.
5. El proyecto político que el doctor Pascual ha ido definiendo desde entonces, y que ha supuesto integrar una lista de países de alto riesgo con la misión de impulsar en ellos “una deconstrucción preventiva”, supone crear equipos para abocarse a estas tareas, que deben estar a cargo de empresas privadas y al mismo tiempo multiplicar los grupos de ideólogos para controlar a la opinión nacional: lo que ya se ha venido haciendo en México bajo la administración espuria de Calderón. Todos los estados nacionales son en su lógica “fallidos” y, por consiguiente, hay que desmantelarlos para entregar sus funciones a los organismos financieros internacionales (controlados por Washington) a las propias agencias del gobierno estadunidenses y a corporaciones privadas de cada país.
6. La creación de una oficina conjunta de Estados Unidos y México en territorio mexicano en el contexto de la supuesta guerra contra el narco, que es constitucionalmente una función del Estado mexicano, la cual hasta ahora no tiene más función que ser una amenaza intervencionista, anunciada durante la visita de la secretaria de Estado de Clinton a fines de marzo, aparece, por consiguiente, como una pieza más de las nuevas políticas del gobierno de Obama hacia México y no pueden confundir ya a nadie: un aparente nuevo estilo de los diplomáticos con un doble discurso que no logra ocultar una mayor dureza intervencionista en los hechos.
7. El nuevo gobierno de Barack Obama pretende tener un nuevo estilo personal de presentarse en el mundo, pero sus políticas no difieren mucho de las de Bush. En menos de una semana, Obama anunció una escalada militar descomunal y de larga duración en Afganistán y Pakistán (24 de marzo), países a los que por la vía de la invasión Washington ha convertido en Estados “fallidos”, e hizo saber que Estados Unidos no levantará el embargo a Cuba (29 de marzo) –que han exigido múltiples voces dentro y fuera de Estados Unidos–, reiteró su descalificación al gobierno del presidente venezolano Chávez, ordenó fortalecer el control militar de la frontera con México, y sostuvo, no obstante las zalameras palabras de algunos de sus colaboradores, que el narco mexicano es una amenaza para Estados Unidos y que la situación en México está fuera de control.
8. En la entrevista que dio a la cadena televisiva CBS el domingo 29, Obama insistió, al igual que Bush, en magnificar la situación de violencia que ha creado en México Calderón bajo la tutela de la DEA, y por consiguiente el papel de los cárteles mexicanos, aunque tuvo un desliz: aceptó que las acciones oficiales han sido en buena medida las generadoras de esa violencia.
9. La comparación que hizo entonces del gobernante ilegítimo de México con el agente estadunidense de los años de la prohibición, Eliot Ness, muerto prematuramente por el alcoholismo (1903-1957), no se sabe, sin embargo, si fue por la obsesión de éste sólo por algunos capos o por magnificar los rasgos policiales del Ejecutivo de facto mexicano.
10. El contexto internacional derivado de la crisis del modelo neoliberal de 2008-2009 ha acelerado la pérdida de la hegemonía de Estados Unidos y la consolidación de nuevos bloques de influencia, lo que ha fortalecido la obsesión de los halcones del Pentágono por los recursos no renovables y el papel estratégico del que había sido sólo su patio trasero, pero el diseño de estas nuevas políticas de intervención y de control en México con el pretexto de la supuesta guerra contra el narco tienen una falla fundamental: no parece tomar en cuenta la realidad.
11. El proyecto de deconstrucción del Estado nacional mexicano ideado por los neoliberales estadunidenses parece haberse olvidado del pueblo de México, y es por ello, y sólo por ello, que está destinado al fracaso, aunque su impacto hasta ahora haya sido devastador.

Víctor M. Quintana S.: Carta a Eduardo Galeano

Hace varios años quería escribirle esta carta, amigo Galeano. Usted no me conoce, usted ni siquiera se lo imagina, pero usted me salvó la vida. La literatura y los chistes me salvaron la vida.
Déjeme contarle: en 1997 yo era diputado federal en México por el Partido de la Revolución Democrática. Formé parte de la comisión que investigó los innumerables fraudes que se cometieron con la empresa nacional de alimentos populares Conasupo. Sin miedo estuve haciendo fuertes señalamientos públicos, indicando a los probables responsables del saqueo de nuestros bienes públicos y del negocio con la comida de la gente y la sobrevivencia de los campesinos.
Una noche de junio, al llegar a mi departamento en un taxi se subieron dos individuos al vehículo, me golpearon, me hicieron bajar la cabeza y empezaron a amenazarme. Me condujeron a los cajeros automáticos para sacar dinero y averiguar cuánto tenía en mis cuentas.
Sin dejar de amenazarme y golpearme me llevaron a un hotel de mala muerte. Me ataron con los brazos por atrás y me tiraron boca abajo en el suelo, en medio de las dos camas. No cesaban de amenazarme, me pateaban, me insultaban. Ya como a las cinco de la madrugada empezaron a retransmitir por la televisión uno de los partidos de la Copa América de futbol que se celebraba en Bolivia, entre Perú y Venezuela. En un momento dado comentaron que había un portero muy extravagante en otro equipo, pero no se acordaron del nombre. Al cabo de un rato, se acercó de nuevo el jefe de ellos para golpearme. Antes que llegara le dije: “yo sé cómo se llama ese portero”. Se extrañó y me dijo: “dime nada más las iniciales”. Tuve que decirle mucho más que las iniciales para que se acordara del portero colombiano René Higuita. Vi que eso los calmó un poco y entonces les dije: “¿quieren que les cuente una historia de Jorge Campos, el portero mexicano?” Y aquí viene lo raro de la historia: unos días antes un amigo me había contado que leyó una historia que usted, señor Galeano, había escrito precisamente en su sección Ventanas de La Jornada, con motivo de la Copa América:
“Andaba un equipo de la televisión mexicana cubriendo la guerra de Bosnia-Herzegovina. Se encuentran una patrulla de serbios. Como no pueden entenderse, son aprehendidos e incluso los amenazan con fusilarlos. Entonces, el comandante serbio ve que a uno de los mexicanos le sobresale su pasaporte de la camisa. Lo toma, lo lee y exclama emocionado: ‘México, Jorge Campos’, y los deja libres.”
Se hizo un silencio sepulcral. El más joven de mis captores afirmó: “¡No le veo el chiste”, pero el jefe le respondió: “No es chiste, agarra la onda”. Ése fue el parteaguas de mi corto cautiverio. A partir de entonces mis secuestradores dejaron de golpearme y de insultarme. Entonces, sí, empecé a contarles chistes. La tensión se relajó y hasta me dijeron: “tú nos caíste bien, tú sabes perder y vas a salir vivo de esto”.
A media mañana, una vez que les firmé toda una chequera que llevaba conmigo, luego de amenazarme si acudía a las autoridades, me dejaron atado en el hotelucho y luego se marcharon.
Un año después un amigo me llama y me dice: “ya atraparon a quienes te secuestraron, lee La Jornada de hoy”. Es la edición del 7 de junio de 1998 y en la contraportada dice: “Presos, asaltantes de un judicial, un diputado federal y el chofer de Alejandra Guzmán”. Humberto Ortiz comienza así su nota: “Sus rostros inexpresivos, con un aire casi de inocencia, contrastan con la pormenorizada confesión de más de 480 asaltos cometidos en menos de un año, la mayoría con una saña increíble sobre sus víctimas”. Más adelante consigna: “recuerdan también cómo asaltaron a un diputado del PRD, quien, sometido y obligado por sus victimarios, tuvo que contar chistes durante horas para evitar que lo mataran” (La Jornada, 7/06/98).
Lo más extraño de todo esto es que, una vez libre, empecé a buscar el supuesto texto suyo que relaté a mis secuestradores, pero nunca lo he encontrado. Ya no sé incluso si alguna vez usted lo escribió. Lo importante para mí es que me lo aprendí y lo narré con toda mi convicción, ya que repaso, disfruto y comparto tantos textos suyos desde que una compatriota de usted puso en mis manos la trilogía Memoria del fuego en el gris exilio parisino.
Así pasa con los escritores como usted, amigo Galeano. Llega un momento en que el texto se les independiza y anda ahí, por el mundo, generando otros nuevos textos, inspirando luchas de la gente, alimentando justas rabias, haciendo más placenteras las vidas de muchos y salvando las de unos cuantos. Por esto último, mi familia, mis amigos y yo le damos las gracias; por lo demás, toda nuestra América en lucha.

Alejandro Nadal: G-20: fracaso histórico

Hay conferencias internacionales triunfales. Otras son un fiasco. Por los desafíos que plantea la crisis mundial, la reunión del G-20 se presentaba como oportunidad legendaria para sentar las bases de una nueva economía, fuerte y sustentable. Lo que ha hecho es fracasar estrepitosamente. Las dramáticas convulsiones de las próximas décadas serán el legado de esta oportunidad perdida.
Pero los grandes fracasos se disfrazan mejor con pitos y flautas. Sin duda eso pensaba Gordon Brown, primer ministro inglés, cuando anunció las medidas adoptadas por el G-20 y afirmó que estaba emergiendo un nuevo orden internacional. Obama, para no quedarse atrás, declaró que se trata de un viraje en la evolución de la crisis. ¿De veras?
El G-20 reconoce la necesidad de restablecer la confianza, el crecimiento y el empleo. Por eso aprueba una expansión fiscal concertada entre 2009-2010 por 5 billones de dólares para lograr un incremento en la producción de 4 por ciento. Tomando en cuenta la magnitud del apalancamiento que conduce a esta crisis y la profundidad de su impacto en el sector real, ese monto (en dos años y entre los 20 países responsables de 85 por ciento del producto mundial) es realmente insuficiente.
Para apoyarse, el G-20 dice que el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica la recuperación en 2010 y un crecimiento mundial de 2 por ciento. Pero citar al FMI en estos tiempos es como aferrarse a una vara llena de espinas. ¿Por qué no citan los informes del FMI de hace un año en los que el organismo afirmaba que la recesión sería leve y breve? El G-20 hace el ridículo: la verdad es que la crisis agarró dormido al FMI.
Dice el G-20 que hay que reparar el sector financiero para que vuelva a fluir el crédito. De acuerdo, pero los montos anunciados no son novedad y provienen de planes de rescate ya aprobados. En el caso de Estados Unidos, los montos comprometidos en los planes Paulson-Geithner son insuficientes. La injusticia e improvisación de esos planes son mal presagio.
El G-20 también quiere una nueva regulación bancaria, lo que es positivo. Pero un nuevo régimen regulatorio tardará por lo menos un par de años en edificarse. Y para que surta efectos se necesitará más tiempo, sobre todo en un sector tan inclinado a la falta de transparencia.
Una de las lagunas más importantes del comunicado del G-20 está en el tema del sistema monetario internacional. Ni una palabra sobre este asunto clave que preocupa sobremanera a China, principal tenedor de reservas denominadas en dólares. De hecho, casi todos los bancos centrales del grupo tienen reservas astronómicas en dólares. Así que varios deben haber pensado lo mismo: con la creación monetaria desenfrenada de la Reserva Federal, ¿qué va a pasar con el valor del dólar? Con razón se dice que la diplomacia y la hipocresía son hermanitos gemelos. No hay que engañarse: el silencio significa que cada jefe de Estado regresará a su país con su propia lista de prioridades políticas. Y cuidado, las listas no necesariamente son compatibles.
Declarar que hay que fortalecer al FMI y a la Organización Mundial de Comercio (OMC) es mala señal. Para comenzar se anuncia el establecimiento del Consejo de Estabilidad Financiera, pero esa fue siempre una misión del FMI. ¿Ahora sí la va a cumplir? El G-20 dice que el FMI ayudará a los llamados mercados emergentes y a los países subdesarrollados. Pero el Fondo fue arquitecto de múltiples crisis y rescates fallidos. Hoy, como ayer, impide tener una política macroeconómica autónoma. Por eso los países que pudieron, como Argentina y Brasil, prefirieron salirse de su órbita. ¿Qué habrán pensado Lula y la señora Kirchner cuando se habló del tema?
El G-20 afirma que la línea de crédito flexible del FMI servirá para estimular el crecimiento y aplaude a México por recurrir a ella. Pero en nuestro país sólo servirá para mantener el tipo de cambio y consolidar el modelo de sometimiento al capital financiero. Gracias. No cabe duda, Calderón no fue en calidad de bulto, sino de títere.
Robustecer a la OMC es echarle gasolina al fuego. De todos modos, el paquete de estímulo fiscal de Estados Unidos contiene cláusulas proteccionistas como no se habían visto en décadas. ¿Nadie cuestionó esto delante de Obama?
Al final el G-20 habla de crear “empleos verdes”. Pero eso demanda un trabajo preparatorio. No reconocerlo es caer en la demagogia. Además, se necesita una redefinición de prioridades y estrategias a nivel macroeconómico, algo que por lo visto el grupo no está dispuesto a reconocer.
El fiasco del G-20 hace recordar la Conferencia Económica Mundial de 1933. Ese cónclave se llevó a cabo en Londres para enfrentar la depresión y lo inauguró el rey Jorge V. A pesar de que la conferencia terminó en medio de amargas recriminaciones, transmitió la falsa sensación de que por lo menos la diplomacia seguía trabajando. Seis años después el mundo estaba envuelto en la peor conflagración del siglo XX. No cabe duda, arreglar las sillitas de cubierta nunca ha sido buena idea en caso de naufragio.

Macario Schettino
Dos sexenios
En menos de 100 días elegiremos diputados. En esa elección se cumplirán 12 años del derrumbe final del régimen de la Revolución. Dos sexenios enteros de vivir sin un régimen político en México, es decir, sin que haya claridad en cuáles son los valores que guían las decisiones colectivas en nuestro país, ni cuáles son las reglas por medio de las cuales se llega al poder, se usa, distribuye y abandona.
Dos sexenios de interregno, de disolución lenta del antiguo régimen sin el establecimiento claro de nada que lo sustituya. Parece claro que la dirección original era hacia un régimen democrático, pero es difícil estar seguros de que mantenemos ese rumbo. Los órganos autónomos que tan importantes fueron en el arranque del proceso hoy yacen desprestigiados, rehenes de la oligarquía partidista o de la económica.
En 1997, cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, se cerró definitivamente el periodo iniciado en 1938. En el año del petróleo se habían ya subordinado el poder Legislativo y el Judicial al presidente, el partido hegemónico (más bien, único) era ya corporativo. Lo mismo había ocurrido con las fuerzas vivas, todas convertidas en las corporaciones que sostenían al régimen, recibiendo a cambio prebendas y privilegios: obreros, campesinos, empresarios, universidades. El régimen de la Revolución inicia entonces, y termina hace 12 años.
Sin embargo, no se logra construir algo que lo sustituya. En 1997 era imposible, puesto que el presidente y el Senado provenían de la elección previa. Pero en 2000 tampoco pudo hacerse, porque el partido que obtiene la Presidencia no tiene mayoría en las cámaras, y el PRI, a pesar de perder la Presidencia, mantiene durante todo el sexenio el primer lugar en las elecciones. En esos años, el PRI creyó que había perdido la Presidencia frente a Fox, pero no el poder. Sólo habían prestado Los Pinos, y era seguro para ellos que regresarían. Por eso se negaron a cualquier negociación que llevase a un nuevo acuerdo: no lo necesitaban.
El cambio de partido en la Presidencia era esperado por muchos como el paso decisivo hacia un nuevo régimen, pero esa era una esperanza inútil. Si bien en el régimen de la Revolución el presidente era la piedra angular del sistema, retirarla sólo garantizaba el derrumbe, no la nueva construcción. Para eso hacía falta bastante más, y no se ha hecho. Se dice que Vicente Fox no tenía idea de cómo hacerlo, pero aunque la hubiera tenido, no contaba con las herramientas. Ni había en el PAN los cuadros suficientes ni el PRI tenía interés alguno en colaborar. Ellos regresarían en seis años.
No fue así. La tradición del nacionalismo revolucionario fue enarbolada por otro candidato, y el PRI se libró por poco de su desaparición. El segundo presidente del PAN, Felipe Calderón, tampoco da inicio a la construcción de un nuevo régimen. Al igual que Fox, está corto de herramientas. El PRI ha aprendido a negociar, así sea por encimita, pero sólo porque quiere regresar a Los Pinos.
Durante 12 años, el país camina por pura inercia. Desde entonces no podemos tomar decisiones de largo plazo, porque en el interregno nadie tiene incentivos para hacerlo. Gracias al TLC, la economía mexicana se mueve al ritmo de la industria estadounidense, en las buenas y en las malas, como hoy. Gracias a la reforma electoral de 1996, ahí vamos dando tumbos, con un sensible deterioro institucional. Pero no avanzamos, y 12 años son muchos para la pura inercia. El año próximo la economía no seguirá a Estados Unidos en la recuperación, porque habremos perdido el soporte del petróleo; difícilmente las instituciones electorales sobrevivirán a la elección de julio; y los fantasmas del pasado siguen ocupando el panorama.
Porque ninguno de nuestros problemas surgió por generación espontánea. Ni los empresarios abusivos ni los sindicatos corporativos ni el crimen organizado son producto de estos 12 años. Pero todos ellos han crecido ante el derrumbe del régimen. Y van agotando los recursos del Estado. Los empresarios quieren diesel barato, menos impuestos, mercados cerrados; los sindicatos agotan el presupuesto, cierran plantas; el crimen organizado disputa el control territorial. El Estado se hunde sin un nuevo régimen político.
Frente a ello, vemos sólo aristas: unos reclaman la ley electoral, otros la caída petrolera; unos más la lentitud del gobierno, los de más allá el autismo partidista. Que si el dólar, el petróleo, el 2012, el 2010, el loco, el crimen, la inseguridad, el desempleo. Puros pedacitos de un rompecabezas.
No es otra cosa que la caída del segundo régimen político mexicano, el de la Revolución. No hay otra salida que la construcción del tercero. A ver para cuándo.
www.macario.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
Porfirio Muñoz Ledo
Derecho para matar
La intensa semana de declaraciones entre México y Estados Unidos transcurrió bajo el signo del doble lenguaje. Inaugurada por la glamorosa visita de la señora Clinton, en contraste con la contundencia acusatoria de la secretaria de Seguridad Interna, culminó con la entrevista de Obama, fuente adicional para interpretaciones encontradas.
Hillary vino a formalizar la conversación de Washington entre los presidentes, cuando uno no entraba todavía en funciones. Pretendía ampliar los puntos de la agenda, excesivamente concentrada en la seguridad. Pero su tarea primordial era la diplomacia pública: cautivar a la sociedad y decirle al gobierno que ellos no piensan lo que ostensiblemente piensan.
Mientras tanto, la señora Napolitano asentía con el senador McCain que está en peligro la “existencia misma de México”: la acepción de Estado fallido referida al país mismo, no sólo a sus instituciones. Reconoció el “plan de contingencia” destinado a responder “al peor de los casos”; iniciativa del Pentágono ante la posibilidad de un “colapso” de nuestro país que infestaría la Unión Americana.
En el otro extremo: la conciencia crítica estadounidense y la racionalidad del discurso demócrata. “Oscilan entre la histeria y el mea culpa”. Descubren, antes que nuestro gobierno, las falacias de la apertura neoliberal y de una estrategia catastrófica, fundada en la presión política contra el productor y el rescate de las divisas. Admiten, en fin, que es “un camino de dos sentidos”.
La confesión de la DEA, “el combate al narcotráfico en EU ha sido un fracaso”, abre puertas insospechadas. Tanto como el aserto de la secretaria de Estado sobre la incapacidad de su país para “evitar el contrabando de armas” y frenar “la insaciable demanda de drogas”, que “entrega cada año al crimen organizado un arma de 25 mil millones de dólares”.
De ahí a proponer un cambio de modelo dista un abismo. Se encuentran atrapados a un tiempo por la exigencia de seguridad de sus compatriotas y el llamado al rescate del agónico gobierno mexicano. Si optaran por la línea dura, no se limitarían a aportar el equivalente de un día de la guerra de Irak. Si decidieran cambiar radicalmente la tonada, no tendrían la cooperación de un vecino enconchado que rechaza la revisión del TLC.
En la circunstancia, imponen la creación de una sospechosa “oficina bilateral”, cuya naturaleza jurídica resulta indefinida. Más que expresión de responsabilidad compartida, se antoja un paso hacia la dilución de soberanía. Una medida en apariencia inocente pero cargada de sentido pragmático, como la pregunta de Hillary ante la espléndida imagen de la Guadalupana: ¿y quién la pintó?
La cereza sobre la confusión fue la comparación de Calderón con el legendario Eliot Ness. Si el ánimo de Obama hubiese sido exaltar a su homólogo, el símil hubiera sido con un estadista como Jefferson, un mariscal como MacArthur o un héroe de la justicia blanca, como John Wayne. Enfundarlo en las cartucheras de un agente policiaco no parece encomio sino emanación del subconsciente.
La entrevista tiene dos vertientes. Una, difundida de inmediato por las agencias internacionales, acentúa afirmaciones enormes: que “la violencia en México está fuera de control” y que, si bien “no es una amenaza existencial para las comunidades de la frontera”, es evidente que “se ha salido de las manos”. Otra —alentada por Notimex— destaca la infortunada comparación, con el propósito de servir al patrón. Llovido sobre regado.
La reacción doméstica fue errática. Desde quienes agreden: “No queremos un policía de presidente”, hasta quienes se indignan: “Obama está perdido en series de televisión” y piden una nota diplomática de protesta. La verdadera cuestión reside en el mensaje subliminal.
El declarante sabe que el arresto de Capone no terminó con el crimen, sino lo multiplicó. En sus palabras: “Enfrentamientos que frecuentemente generan más violencia... estamos viendo que eso estalla”. Sabe también que fue Roosevelt quien encontró años más tarde la solución por la legalización del alcohol y el combate a la corrupción.
Debiera recordar que el lema de los intocables era “permiso para matar”, esto es, autorización ilimitada para violentar los derechos humanos. ¿En dónde quedó la denuncia de las atrocidades de guerra y el cierre de Guantánamo?
¿Cuál congruencia entre la exculpación verbal del Estado fallido y el envío como embajador de un experto en ingobernabilidad? La aceptación de la mentira ajena es el comienzo de la propia.
Ex embajador de México ante la Unión Europea

No hay comentarios.:

Publicar un comentario